terça-feira, 16 de junho de 2009

Lo mejor de la ciencia ficción latinoamericana


En los años sesenta se produjeron dos grandes acontecimientos en el campo de la ciencia ficción.
Uno de ellos pasó casi inadvertido en el mundo anglosajón.

El más visible de los dos fue un fenómeno que al poco tiempo adquirió la denominación de new
wave, nueva ola. Esencialmente, la new wave era un intento de introducir «corazón» en lo que hasta entonces había sido «cabeza». Los sentimientos no reemplazan exactamente al intelecto; dudo si los lectores de ciencia ficción derramaban lágrimas de alegría o tristeza mientras devoraban la nueva ciencia ficción.

Pero los autores de la new wave lucharon extraordinariamente por conseguir esa respuesta.
Otra forma de describir la new wave es que fue un notablemente logrado intento de conseguir la
audiencia de un público que normalmente sólo lee literatura general.
Mientras tanto...

En Sudamérica y en algunos países de Europa estaba evolucionando una ciencia ficción distinta,
más literaria. Frederik Pohl, que por aquel entonces era director de las revistas Galaxy y Worlds of lf, supo de este desarrollo y persuadió a sus editores para que publicasen una revista especial dedicada a esa nueva corriente, International Science Fiction.

La nueva revista no fue un éxito. Evidentemente, la new wave aún constituía por aquel entonces
una innovación. La ciencia ficción literaria todavía debería esperar a que los lectores, acostumbrados a las obras de los pulps, escritas por grandes cerebros, se ajustaran a las más sofisticadas obras escritas por grandes corazones.

No obstante, el potencial público lector de ciencia ficción es hoy tan enorme que puedo predecir
que algo así como un millón de lectores de ficción de calidad están preparados y esperando. Quizá no sepan exactamente qué es lo que están esperando, pero tendrán una idea más clara tras leer esta antología de ciencia ficción latinoamericana.

Cuando leí su traducción la primera vez, naturalmente cambié de forma automática algunos
pasajes a mi propio e inimitable inglés; por consiguiente, tuve que reescribir a máquina toda la obra para ponerla en limpio. Menciono esto porque, como es obvio, en estos casos siempre releo la versión definitiva a fin de corregir posibles errores tipográficos. Y de este modo quedé enormemente sorprendido al comprobar que gozaba mucho más de las historias en su segunda lectura. Había esperado sentirme más bien aburrido. Por el contrario, capté matices y cualidades especiales que se me habían pasado por alto en mi primera lectura.

A consecuencia de ello, me sentí motivado a escribir un breve comentario de mi reacción ante casi cada historia. Helos aquí:

El relato Primera necesidad proporciona una desacostumbradamente vivida visión de una destruida ciudad de Nueva York, con pequeñas bandas vagando por ella. Aunque nacido en Uruguay, y viviendo aún en Sudamérica, el autor parece estar muy familiarizado con el centro de Manhattan.

El argumento es superficial pero lleno de color. Y su final es realmente sorprendente.
El cambio empieza con una de las mejores frases-señuelo que he leído en los últimos años. La
historia que sigue no es sin embargo lo que uno podía haber anticipado. Escrita por una psicoanalista, que ha realizado un estudio sociológico sobre la ciencia ficción, refleja presumiblemente el análisis científico del género hecho por la autora.

La encontré diferente, y la leí con interés, sin sentirme
seguro en ningún momento de adonde me llevaría. Y cuando finalmente llegué allí seguía sin estar seguro de cómo se había realizado el milagro. Cada lector deberá decidir por sí mismo.
Mi opinión acerca de La oscuridad es la de que se trata no sólo de una gran historia de ciencia
ficción sino también de una gran obra literaria. Constituye el epítome del tipo de ciencia ficción que se está escribiendo en Sudamérica —en este caso en portugués— y casi en todas partes fuera del mundo de habla inglesa; no acción tipo pulp sino literatura en su mejor sentido.

El autor, André Carneiro, a quien conocí personalmente en 1969 en el II Festival Internacional del Film en Río de Janeiro (siempre recordaré su amabilidad con los autores norteamericanos de ciencia ficción), merece la misma audiencia que un Frank Kafka o un Albert Camus. ¿Cuan grande puede ser literariamente la ciencia ficción? Lean La oscuridad y lo descubrirán.

Tras leer atentamente Caza de conejos durante un cierto tiempo, maravillándome de la inventiva
del autor —pero esperando llegar de un momento a otro a un rápido final—, me pregunté de pronto: ¿cuánto falta todavía? Sorprendido e incrédulo, descubrí que apenas había empezado. Faltaba aún un buen montón de páginas. El autor es calificado en su país como «maestro de la fantasía». Realmente, se necesita poseer un tipo muy especial de genio cómico para escribir algo como Caza de conejos, y tener una mente muy osada para utilizar una forma de escribir tan distinta de lo que los lectores están acostumbrados.
Puesto que su autor afirma que ha sido incapaz de ganarse la vida con sus escritos, podemos especular que habrá perseverado en ser igualmente innovador en sus demás historias, sin preocuparse de las consecuencias.

En La muerte del poeta se nos da un atisbo del computarizado futuro de las obras de los escritores y poetas y, presumiblemente, de la ficción en general. Uno puede ver la justicia de las consecuencias: se acabó el escribir las mismas frases, o historias, o imaginaciones por segunda vez. Lo más importante de la historia es la originalidad y las implicaciones de algo en lo que probablemente no hayamos pensado nunca hasta que a Vanasco se le ocurrió plantearlo.
Si alguien se ha preguntado qué tipo de creatividad se está desarrollando en la Cuba de Castro, El
cosmonauta intenta sin duda decírnoslo. Puesto que la historia es corta, y está enérgicamente escrita, el mensaje parece ser: es peligroso para los alienígenas de Norteamérica desembarcar en las playas de Cuba; el pueblo cubano tiene buenas intenciones, pero está hambriento; y comerá cualquier cosa.

En la breve presentación de la autora de Los embriones del violeta, el seleccionador Bernard
Goorden la compara con uno de los grandes de Sudamérica. Sin embargo, una vez leída su inusual historia, me descubrí pensando en un genio norteamericano llamado Donald Barthelme. El estilo y los giros de las frases reflejan las mismas sorprendentes inclinaciones mentales y el mismo brillante uso del lenguaje, caracterizando una historia realmente original contada con habilidad.

O'Henry debe de haberse agitado miles de veces en su tumba, gruñendo ante los innumerables
finales sorpresa de segunda categoría que se escriben y que se supone sorprenderán al lector con su inesperado giro. Sin embargo, el autor de Persistencia probablemente habrá merecido un
asentimiento —y no un gruñido— del Maestro. El final de su realmente corta historia me sorprendió de la mejor manera posible.
Gu ta gutarrak es, para mí, la historia más interesante de toda la antología. Como la mayoría de los norteamericanos, tengo una conciencia extraordinariamente remota del pueblo vasco. Sin embargo, puesto que siempre he sentido interés hacia los temas en cierto modo esotéricos, probablemente sé algo más que la mayoría de la gente. Soy consciente, por ejemplo, de que la lengua vasca es única, y no tiene parentesco con ninguna otra lengua europea. La docena de frases —aproximadamente— en vasco que figuran en esta historia recuerdan de forma fascinante el siglo diecinueve, cuando los escritores ingleses conocían idiomas extranjeros y salpicaban ese conocimiento a todo lo largo de sus ficciones. Yo he estado haciendo lo mismo recientemente en mis propias historias, debido a que siempre he admirado a esos escritores antiguos.

Por otra parte, la visión de la personalidad vasca que la autora nos presenta es el primer estudio caracterológico que he visto relativo a un pueblo que evidentemente es tan único como su lenguaje. El especial humor que lo salpica nos proporciona una visión diferente de un pueblo que la mayoría de la gente conoce sobre todo por la tendencia de sus facciones nacionalistas a atentar contra personalidades políticas y militares del gobierno español, el cual intenta oponerse al derecho natural de cada vasco de elegir su propio gobierno. La autora, una argentina de amplia cultura, parece saber muy bien de qué habla. La suya es sin lugar a dudas una gran historia.

Hugo Correa ha escrito la que constituye probablemente la más emotiva historia de esta
recopilación: Alguien mora en el viento. La forma de vida alienígena de esta historia, aunque no es vista en ningún momento, posee un impresionante poder, y opera a través de un trascendental sistema moral de castigos y premios. Los primeros son rápidos y mortales. Los segundos también son rápidos, pero su resultado final es una casi divina paz mental. El efecto final es cálidamente emotivo. Mi coantologista parece dar a entender que este escritor fue influenciado por Ray Bradbury en sus primeros tiempos. Lo cual, por supuesto, es de alabar.

Plenipotencia obtiene precisamente toda su potencia de la forma en que es presentado. Pequeños y vividos detalles conducen hasta un momento clave en el que el lector debe efectuar una serie de contribuciones mentales a la historia, la cual posee muchos elementos de la ciencia ficción
norteamericana de los años treinta. Tiene al mismo tiempo la fuerza y la debilidad de un evento
colosal.

Por primera vez, se me ocurrió pensar que Dios debe de llevar una vida muy aburrida.

Si Franz Kafka, Albert Camus, Thomas Mann o W. Somerset Maugham hubieran escrito alguna vez ciencia ficción, éstas habrían sido indudablemente las historias que habrían creado.
A. E. VAN VOGT


Índice
Prólogo - Nuevo Mundo, mundos nuevos
Primera necesidad por Carlos María Federici
El cambio por Mane Langer
LA OSCURIDAD por André Carneiro
Un aroma de flores lascivas por Eduardo Goligorsky
Caza de conejos por Mario Levrero
La muerte del poeta por Alberto Vanasco
El cosmonauta por Ángel Arango
Futuro por Luis Britto García
Los embriones del violeta por Angélica Gorodischer
Persistencia por José B. Adolph
GU TA GUTARRAK por Magdalena Moujan Otaño
Alguien mora en el viento por Hugo Correa
Plenipotencia por Emilio Rodrigué
Bibliografía


Lo mejor de la CF latinoamericana - Bernard Goorden, Alfred E. Van Vogt [ Download ]