terça-feira, 17 de fevereiro de 2009

Los mejores relatos de Ciencia Ficcion - La era del cambio - 1956-1965 - Michael Ashley



PREFACIO
Mi intención en esta serie era relatar, de la forma más completa posible, la historia y el
desarrollo de las revistas de ciencia ficción, mostrando cómo editores y autores trabajaron al unísono para elevar el nivel del género desde sus sencillos comienzos hasta convertirlo en una rama compleja y madura de la literatura. Pero todos los escritores y editores actuaron para su bien. He tratado de mostrar todos los estratos de la ciencia ficción. Inútil negar que la mayor parte de ella no vale nada, quedando así incluida en la ley general de Theodore Sturgeon según la cual el noventa por cien de todo es pura basura.

No obstante, lo bueno acaba siempre por imponerse, y la ciencia ficción se acepta ya
como un verdadero género literario. La generación de autores que logró abrir brecha tiene sus raíces en las revistas de la década que cubre este volumen, de 1956 a 1965. Harlan Ellison, Robert Silverberg, Roger Zelazny, Thomas M. Disch, Brian Aldiss, J. G. Ballard... Todos ellos se incluyen en esa década turbulenta y problemática que vio el amanec er de la era espacial. Por aquella época, muchos escritores ajenos al tema dijeron: «Ahora que el hombre ha salido al espacio, ¿de qué van a escribir los autores de ciencia ficción?. Aun ahora, tan absurda pregunta la repiten constantemente personas engreídas, incapaces de comprender y leer uno solo de los libros de ciencia ficción actuales. ¿Alguna vez la resolución de un crimen impidió que se siguieran escribiendo novelas policíacas?

La prueba está aquí. La ciencia ficción no se detuvo cuando el Sputnik 1 fue lanzado al
espacio. Todo lo más, el hecho sirvió para revitalizar el género. Puso fin a una época y dio vida a una perspectiva totalmente nueva.

Mientras escribo esto, el mundillo de las revistas de ciencia ficción ha entrado de nuevo
en efervescencia. Desaparecen publicaciones, mientras que otras se adentran llenas de optimismo en este campo. La historia continúa en marcha.

El lector puede explorar a voluntad las interminables sorpresas de la cuarta década de
las revistas de ciencia ficción, leyendo los diez relatos representativos que he seleccionado.
Febrero de 1976 Mike Ashley


ÍNDICE
Nota de agradecimiento • Prefacio, por Mike Ashley
Introducción: Reflujo y nueva ola, por Mike Ashley
El bebé del señor Culpeper («Mr Culpeper's Baby»), por Kenneth Bulmer.
Todas las lágrimas del mundo («All the World's Tears»), por Brian W. Aldiss.
Ozymandias («Ozymandias»), por Robert Silverberg.
El Amor y Las Estrellas... ¡Hoy! («Love and the Stars - Today!»), por Kate Wilhelm.
El Loco Maro («Crazy Maro»), por Daniel Keyes.
El Hombre Sobrecargado («The Overloaded Man»), por J. G. Ballard.
Las Calles De Ascalón («The Streets of Ashkalon»), por Harry Harrison.
Los Sacrificables («The Expendables»), por A. E. van Vogt.
Niño problema («Problem Child»), por Arthur Porges.
Bueno es hablar, pero mejor es callar («Speech is Silver»), por John Brunner.


Los mejores relatos de CF -La era del cambio - 1956-1965 -Michael Ashley [ Download ]

segunda-feira, 16 de fevereiro de 2009

Los Premios Hugo 1978-1979 - Isaac Asimov


ÍNDICE
1978: 36a CONVENCIÓN, PHOENIX
Danza estelar, (Stardance) por Spider y Jeanne Robinson (novela corta)
Ojos de ámbar, (Eyes of Amber) por Joan D. Vinge (relato)
Jeffty tiene cinco años, (Jeffty Is Five) por Harlan Ellison (relato corto)
1979: 37a CONVENCIÓN, BRIGHTON (INGLATERRA)
La persistencia de la visión, (The Persistence of Vision) por John Varley (novela corta)
La luna del cazador, (Hunter's Moon) por Poul Anderson (relato)
Casandra, (Cassandra) por C. J. Cherryh (relato corto)


Los Premios Hugo 1978-1979 - Isaac Asimov [ Download ]

Lo mejor de la ciencia ficción del siglo XIX - Isaac Asimov



Introducción: El primer siglo de la ciencia ficción

Todo entusiasmo aspira a la respetabilidad, y una forma de conseguirla es demostrar que
es viejo, incluso antiguo. El respeto se adhiere a todo lo que luce canas, y muchas veces cualquier viejo estúpido es tratado con reverencia simplemente debido a su pelo blanco y a su talento para la supervivencia.

Puede que ésa haya sido la causa de que algunos proclamen que existen datos suficientes
como para afirmar que la ciencia ficción es una literatura antigua. Para conseguir eso, lo único necesario es ampliar la definición.
Supongamos que consideramos la ciencia ficción como la rama de la literatura que trata
de lo imaginativo y lo no familiar. En tal caso prácticamente cualquier fantasía, cualquier leyenda, cualquier relato de viajes, podría ser ciencia ficción. Cuando nació el lenguaje, debieron de contarse una gran cantidad de mentiras en torno al fuego, relativas a las grandes hazañas de los cazadores de la tribu; también eso podría ser considerado ciencia ficción.
Sin embargo, si deseamos mantenernos dentro de la literatura formal y ceñirnos a esas
porciones de ella que son más o menos familiares a nuestra cultura, deberíamos empezar con la Odisea de Homero, escrita aproximadamente en el 800 a. C. Si estamos dispuestos a considerar a los cíclopes, a las brujas y a los monstruos como pertenecientes al registro de personajes de la ciencia ficción, entonces la Odisea es no sólo la primera, sino la obra de más éxito de toda la ciencia ficción jamás escrita. Después de todo, ¿qué otras obras de ciencia ficción escritas hasta ahora pueden tener la seguridad de ser aclamadas como un clásico eterno después de veintisiete siglos?

Por otra parte, si queremos ser más restrictivos deberíamos definir la ciencia ficción
como la rama de la literatura que trata de los aspectos de lo imaginativo y no familiar que se han empezado a aceptar como «cienciaficcionistas».
En ese caso, el primer relato de ciencia ficción que conocemos podría ser la Historia
vera de Luciano de Samosata, escrita hacia el 150 de nuestra era, es decir casi mil años después de la Odisea. El protagonista de la Historia vera es arrastrado hasta la Luna por una tromba marina. Todo tipo de imaginativos monstruos son descritos como habitantes de la Luna, y seguramente nada puede ser más cienciaficcionístico que un viaje a ese satélite que da vueltas en torno nuestro.
Sin embargo, todavía no es suficiente. Después de todo, Luciano estaba escribiendo
simplemente un relato de viajes. Llamó a la exótica tierra en la que aterrizó su héroe «Luna», pero igual podría haberla llamado «África», o darle el nombre de alguna isla imaginaria en medio del mar.

Supongamos, pues, que deseamos definir la ciencia ficción como la rama de la literatura
que trata de las cosas imaginativas y no familiares pero que intenta, pese a todo, ser realista y reflejar el universo tal cual es. En ese caso, deberemos buscar mucho después de Luciano.
El astrónomo alemán Johann Kepler escribió un relato titulado Somnium, publicado
póstumamente en 1634, casi quince siglos después de la Historia vera. Aquí también tenemos a un protagonista que se descubre a sí mismo en la Luna (esta vez llevado por los espíritus). De nuevo nos encontramos con un mundo poblado por extrañas y monstruosas formas de vida.

Sin embargo, la diferencia crucial radica aquí en que Kepler da a la Luna un día de dos
semanas y una noche también de dos semanas, lo cual es astronómicamente un hecho. Ésa fue la primera intrusión de la auténtica observación en lo que de otro modo hubiera sido una simple obra de fantasía.
Pero tampoco eso es suficiente. El avance y el retroceso de la luz solar en la Luna no
constituyen factores humanos. No requieren ni ciencia ni tecnología para ser comprendidos; simplemente, una observación ocular inteligente.

La auténtica ciencia ficción trata de la ciencia humana, con el constante avance del
conocimiento y la constante habilidad de los seres humanos para conseguir comprender mejor el universo e incluso alterar algunas partes de él, mediante su ingenio, para su propio confort y seguridad. Y si es así, la ciencia ficción se convierte entonces en un fenómeno enteramente moderno, y no puede reclamar la respetabilidad de una avanzada edad.
¿Por qué ocurre así? ¿Acaso los seres humanos no han aprendido cosas nuevas y
alterado su entorno desde los tiempos más remotos? ¿Quién sabe cuándo fueron usados los trajes por primera vez, o cuándo la primera rama o el primer fémur fueron utilizados como maza? En cuanto al descubrimiento del fuego, es anterior al Homo sapiens, puesto que fue una invención del Homo erectus, de cerebro más pequeño.

No obstante, a lo largo de casi toda la historia humana tales adelantos se realizaron tan
lentamente y se esparcieron a partir de su punto o puntos de origen tan gradualmente que los seres humanos, a nivel individual, no fueron particularmente conscientes del cambio en el transcurso de sus propias vidas. Como máximo, llegaron a asumir que algún dios o algún legendario antepasado habían inventado la tecnología que utilizaban, y eso era todo. Las cosas les llegaban ya completas.

Sin embargo, una de las características de la tecnología es el ser acumulativa. Cuanto
más avanza, más de prisa avanza y más posible hace nuevas y mejores vías de experimentación y observación del universo. En el siglo XVII la tecnología, gracias a los telescopios, microscopios, relojes, etc., dio el gigantesco salto hacia la moderna ciencia. Y cuanto más avanza la ciencia, más fácilmente puede guiar a la tecnología a nuevos y más rápidos adelantos.

A la larga, este fenómeno de grandes saltos aceleró el progreso de la tecnología de tal
manera que el cambio empezó a hacerse claramente visible en el lapso de una vida humana. Los individuos son conscientes de que el mundo está cambiando, y que son el pensamiento y el ingenio humanos quienes constituyen el agente del cambio.
Llegados a este punto, se hizo posible escribir acerca de un mundo que estaba
cambiando e intentar pronosticar, o anticipar, o simplemente presentar de forma plausible, cambios adicionales que aún no habían tenido lugar pero que podían tener lugar, y describir cómo tales cambios podían afectar a los seres humanos.

Podemos definir pues la ciencia ficción como la rama de la literatura que trata de las
respuestas humanas a los cambios al nivel de la ciencia y la tecnología..., entendiendo que los cambios implicados deben ser racionales y acordes con lo que se sabe de la ciencia, la tecnología y los seres humanos.

Así pues, la auténtica ciencia ficción, según su moderna definición (o al menos, según
mi moderna definición), no pudo haber sido escrita antes del siglo XIX, debido a que sólo tras el inicio de la revolución industrial en las últimas décadas del siglo XVIII la aceleración del cambio tecnológico fue lo suficientemente grande como para que éste fuera observado en la duración de una vida..., en las áreas del globo afectadas por dicha revolución.

De hecho, se ha puesto de moda considerar Frankenstein, de Mary Shelley, obra
publicada en 1818, casi dos siglos después del Somnium, como el primer relato de auténtica ciencia ficción.

Eso no quiere decir que la ciencia ficción tenga que bajar avergonzada la cabeza porque
sólo tiene dos siglos de antigüedad. Al contrario, debería enorgullecerse de constituir la respuesta literaria a la coronación del triunfo de la humanidad, simbolizado por la ciencia y la tecnología modernas. Debería anunciar públicamente y en voz muy alta el hecho de que trata de la gran verdad de los tiempos contemporáneos: el rápido cambio.
La ciencia ficción es joven porque es la literatura de hoy y, más que eso, de mañana.
Naturalmente, puesto que la ciencia ficción tiende a ir por delante de la ciencia y la
tecnología en las que está basada, la tendencia es concentrarse en la ciencia ficción contemporánea, y los grandes escritores del primer siglo de vida de la ciencia ficción suelen ser olvidados.

El gran escritor de ciencia ficción del siglo XIX que todo el mundo conoce es Jules
Verne. En realidad, fue el primer escritor de ciencia ficción profesional, el primero en vivir bien de una carrera literaria que estuvo dedicada primordialmente a la ciencia ficción. Su primer gran éxito fue Cinco semanas en globo, obra publicada en 1863, medio siglo después que Frankenstein.

Pero si bien Verne fue con mucho el más grande escritor de ciencia ficción del siglo
XIX, no fue el único. Los adelantos de la revolución industrial prendieron la imaginación de europeos y americanos, y muchos de ellos escribieron con entusiasmo, y a veces con temor, de los anticipados cambios aún por venir, y lo hicieron con variables grados de penetración.
En esta antología, Martín, Charles y yo hemos reunido las obras de un cierto número de
esos escritores de ciencia ficción del siglo XIX; en primer lugar, porque son interesantes documentos sociales, presentando de una forma efectiva los puntos de vista de hombres y mujeres imaginativos enfrentados a un mundo que empezaba a convertir los vientos del cambio en un torbellino; en segundo lugar, porque sus relatos son precursores de la ciencia ficción del siglo XX, y, en tercer lugar, porque son interesantes en sí mismos.
Retrocedan pues con nosotros al primer siglo de la ciencia ficción.

Lo mejor de la ciencia ficción del siglo XIX - Isaac Asimov [ download ]

domingo, 15 de fevereiro de 2009

Deam Koontz


Dean Ray Koontz (9 de Julho de 1945) nasceu em Everett, Pennsylvania (EUA) é um prolífico e bem sucedido escritor de livros de mistério e suspense. Em quarenta anos, escreveu quase 70 romances, sendo muitos deles recordidas de vendas.

Koontz teve uma infância pobre e traumática (seu pai foi preso por tentar matá-lo).
Começou a trabalhar dando aulas de inglês, mas foi um concurso literário em 1968, que despertou o escritor. Nos seus primeiros anos como escritor, Koontz se dedicava a escrever Ficção Científica (FC), mas no início dos anos 70, Koontz recebeu um convite para escrever uma série de suspense (nunca publicada), mas que serviu para que o autor vislumbrasse um mercado de leitores ávidos por histórias que misturassem horror e suspense em altas doses.

Utilizando-se de diversos pseudônimos (Deanna Dwyer, K. R. Dwyer, Aaron Wolfe, David Axton, Brian Coffey, John Hill, Leigh Nichols, Owen West e Richard Paige), Koontz passou a escrever para 'todos os gostos'. Apesar do sucesso comercial, isso lhe deu uma reputação de ser um autor 'caça-níqueis'. Seus editores posteriormente o convenceram a utilizar seu verdadeiro nome, e hoje, muitos de seus livros anteriormente publicados com pseudônimos foram republicados sobre seu nome verdadeiro.

Seu primeiro grande sucesso de vendas foi com 'Whispers' em 1980. Depois disso, oito de seus romances chegaram ao topo de vendas.

Koontz é reconhecido pelo seu grande talento em elaborar tramas repletas de personagens interessantes, ideías originais e ainda utilizando como poucos, elementos de terror, fantasia e fantástico, com pitadas de bom humor.

Seus críticos o acusam de ser moralista e repetitivo. Seus leitores por todo o mundo, em quase 40 anos, já compraram mais de 200 milhões de seus livros.

Coleção Dean Koontz - 45 livros (Strangers, Velocity, Whispers, Life expectancy, Sole survivor, The house of thunder, Twilight eyes, Vision, Coldfire, Darkfall, Demonseed, Dragon Tears, Fear Nothing, From the corner of his eyes, Hideaway, Icebound, Intensity, Midnight, Moonlight bay 1 e 2, Mister Murder, One door away from heaven, Santa's twin, Shadowfires, Shattered, The bad place, The book of counted sorrows, The face of fear, The fun house, The servants of twilight, Ticktock, Watchers, Winter Moon, Flesh in the furnace, Lightning, Strange highways, False memory, Nightchills, Phantoms, The door to december, The Mask, Writing Popular Fiction, A darkness in my soul, By the light of the moon, The Haunted Earth) [ Download ]

Ficção Científica, um alienígena no cinema brasileiro?


Tese mostra que, a despeito da produção esporádica, gênero tem representantes na cinematografia nacional.

A ficção científica sempre foi um gênero invisível na história do cinema brasileiro, mas nunca deixou de existir. A produção esporádica de filmes com essa temática é conseqüência de alguns fatores, entre eles a inexistência no país de uma indústria cinematográfica consolidada, a exemplo do que ocorre nos Estados Unidos e em nações européias.

A análise é do jornalista Alfredo Suppia, que esmiuçou o assunto em sua tese de doutoramento
apresentada no Departamento de Multimeios, Mídia e Comunicação do Instituto de Artes (IA) da Unicamp. De acordo com o autor, embora pouco conhecida e estudada, a ficção científica não chega a ser um alienígena dentro da cinematografia nacional.

A pesquisa desenvolvida por Suppia, que foi orientada pelo professor concentrou-se nos filmes produzidos fora do eixo Hollywood-Europa. O jornalista analisou cerca de 30 obras de países como Rússia, República Tcheca, México, Argentina e Brasil.

Um aspecto comum a essas produções, segundo ele, é o baixo orçamento.

“Mas nem por isso os filmes são necessariamente ruins. Alguns deles surpreendem pela qualidade do roteiro, pela beleza da fotografia e pela criatividade da cenografia”, afirma.

Em relação à abordagem da ficção científica pela cinematografia brasileira, o jornalista
considera que ela deve ser analisada sob dois aspectos.
“Existem os filmes de ficção científica genuínos e as paródias, que usam o tema para fazer troça”, pontua. Uma diferença marcante entre os dois segmentos é que o primeiro normalmente procura ocultar a precariedade que envolveu a produção, enquanto o segundo usa essa mesma dificuldade como traço estilístico.

“Nos filmes produzidos pelos Trapalhões e nas pornochanchadas, por exemplo, essa precariedade
é assumida e incorporada à obra”, considera o autor da tese, que foi orientada pelo professor José Mário Ortiz Ramos. Suppia assinala que a FC, como é intimamente tratada pelos iniciados, é freqüentemente relacionada ao uso de efeitos especiais espetaculares, como ocorre nos blockbusters norte-americanos.

“Existem ótimos filmes que praticamente não lançam mão dessa solução. O que sustenta a produção, nesses casos, é o roteiro. Ao longo da pesquisa eu concluí que não é verdadeiro o argumento de que no Brasil o gênero é pouco abordado no cinema por falta de dinheiro para a realização de efeitos especiais. Penso que o principal entrave está na falta de uma indústria cinematográfica consistente e na ausência de uma cultura relacionada à ciência e tecnologia”, analisa.

Ainda em relação a esse ponto, Suppia lembra que o capitalismo brasileiro convive com
estruturas arcaicas. A notícia da existência de trabalho escravo no país é um exemplo dessa realidade. Ademais, de acordo com o jornalista, as nações centrais reivindicam cotidianamente a paternidade do desenvolvimento científico e tecnológico mundial.

Hibridismo – Embora esporádicos, os filmes brasileiros de ficção científica podem ser
identificados em todas as fases do cinema nacional. De acordo com Alfredo Suppia, que investigou o tema em sua pesquisa, as primeiras experiências remetem ao período das produções mudas. “Daquela época, identifiquei três obras que fazem referência ao gênero”, diz o jornalista. Ele considera que a primeira investida mais evidente ou objetiva do cinema brasileiro no campo da ficção científica foi com o filme 'Uma aventura aos 40', comédia rodada em 1947, no Rio de Janeiro.

O produtor foi Silveira Sampaio, que ficou mais conhecido pela sua atuação no teatro e na televisão. Um dado relevante destacado por Suppia é que a maioria dos filmes brasileiros sobre
FC é híbrida, ou seja, não trata apenas da ficção científica. Esta normalmente surge relacionada com outros temas, alguns ligados ao cotidiano nacional. Um exemplo nesse sentido é 'Carnaval em Marte', longa produzido por Watson Macedo em 1954. A comédia musical, também rodada no Rio, conta a história de uma “comitiva” marciana formada apenas por seres do sexo feminino que
aporta na Cidade Maravilhosa em pleno carnaval. Seduzidas pela festa, as alienígenas
levam a folia para o seu planeta.

Na opinião de Suppia, cuja pesquisa foi financiada pela Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior (Capes), dois dos mais importantes filmes brasileiros de FC foram produzidos nos anos 60. Ambos, conforme o pesquisador, são de excelente qualidade.

O primeiro é 'Os cosmonautas', chanchada de 1961 que traz como protagonistas os humoristas Ronald Golias e Grande Otelo. Escrita e dirigida por Victor Lima e produzida por Herbert Richers e Arnaldo Zonar, a obra foi lançada no ano seguinte, logo após a primeira viagem do homem
ao espaço. Extremamente inventiva, a produção faz um interessante retrato da geopolítica da época, conforme Suppia.

O segundo é 'O quinto poder', rodado em 1962, com produção de Carlos Pedregal e direção de Alberto Pieralisi. A fita conta a história de uma potência estrangeira que tenta dominar o mundo por intermédio da propaganda subliminar, que pode atingir o inconsciente das pessoas por meio de artefatos eletrônicos. No elenco, alguns atores conhecidos do público, como Eva Wilma, Oswaldo Loureiro, Sebastião Vasconcelos e Augusto César Vanucci.

“Além disso, também tivemos experiências interessantes com curtas, como 'Túnel 93 graus', rodado em Campinas no início da década de 70. O roteiro conta a história de um desastre ambiental”. A questão ecológica, registre-se, é assunto recorrente nos filmes brasileiros de FC.

Em 1977, por exemplo, 'Parada 88 - O limite de alerta', dirigido por José de Anchieta e coproduzido pela atriz Regina Duarte, trata de um acidente tóxico. Quatro anos depois, tema semelhante volta a ser abordado em 'Abrigo Nuclear', que teve direção de Roberto Pires.
Depois dessas, outras produções também trataram ou fizeram referência à ficção científica, entre eles 'Oceano Atlantis', de 1993, dirigido por Francisco de Paula.

foto: Alfredo Suppia.
Entrevista: Manuel Alves Filho -Jornal da Unicamp - Setembro de 2007

sábado, 14 de fevereiro de 2009

Intrusos - Dean R. Koontz


Duas criaturas fora do comum escapam de um sinistro e secreto laboratório do governo, e até mesmo seu próprio nome não pode ser sequer murmurado.

Um era um assassino, o outro de boa índole. Eram animais e foram transformados.
Para os cientistas que os criaram, eles são o produto final de uma experiência genética de aumento de inteligência.


Intrusos - Dean R. Koontz [ Download ]

Fantasmas - Dean R. Koontz


Que força seria capaz de fazer desaparecer quase toda a população de uma cidade?

O que poderia atacar tão sorrateiramente e deixar tão desfigurados os corpos daqueles que foram encontrados?

O que seria capaz de secar o cérebro de um homem e sugar-lhe todo o sangue em apenas doze segundos? Que esperança os sobreviventes poderiam nutrir?

Snowfield, uma pequena estação de esqui nas Montanhas Rochosas, era uma cidadezinha aprazível. Mas isso fora no passado; hoje, Snowfield é um pesadelo, um retrato do Inferno!
Hoje, mais de duzentos dos quinhentos moradores da pequena cidade desapareceram sem deixar vestígios, e pelo menos outros cento e cinqüenta morreram — repentinamente, de um mal terrível e misterioso...

Algo de muito estranho e apavorante estava acontecendo em Snowfield, e o pior ainda estava por vir. 'Fantasmas' é também povoado de personagens delineados com tanta vividez que nós leitores não podemos deixar de nos envolver e nos preocupar com seu destino: a Dra. Jennifer Paige, de trinta e dois anos, que passou grande parte de sua vida se atormentando por um erro que cometera quando tinha apenas dezenove. Agora, ali em Snowfield, justamente quando está aprendendo a esquecer o passado, justamente quando está começando a amar a vida, se vê envolvida numa terrível luta pela sobrevivência; Lisa Paige, quatorze anos, idolatra a irmã mais
velha, mas descobre que sua sobrevivência dependerá exclusivamente de sua própria força e coragem interior; o xerife Bryce Hammond, que perdera a família em um trágico acidente um ano antes, quando encontra Jenny Paige em Snowfield encontra também uma nova esperança, uma nova chance de reconstruir sua vida... se conseguir sobreviver...


Fantasmas - Dean R. Koontz [ Download ]

Uma noite de verão - Ambrose Bierce (1906)


Dizer que Henry Armstrong estava enterrado não era motivo suficientemente convincente para acreditar que estava morto. Sempre havia alguém difícil de se convencer.
O testemunho de seus sentidos o obrigava a admitir que estava realmente enterrado.
Sua posição, estendido com a boca para cima, as mãos cruzadas sobre o estômago e presas com algo que se rompeu facilmente, sem que se alterasse a situação - e o estrito confinamento, a negra escuridão e o profundo silêncio constituíam uma evidência impossível de contradizer, e Armstrong aceitou sem perder-se em outros pensamentos.

Mas morto... não. Apenas doente, muito doente, assim que com a apatia de um inválido, não se preocupou em demasiado com tal estranha sorte. Não era um filósofo, mas uma pessoa comum, e naquele momento de uma patologia, o órgão que em certa ocasião deveria inquietar-se estava agora quieto. De modo que, sem nenhuma apreensão quanto ao seu futuro imediato, se pôs a dormir e tudo foi paz para Henry Armstrong.

Mas algo se movia na superfície.

Era uma noite escura de verão, rasgada por freqüentes relâmpagos que iluminavam nuvens prenhas de tempestade. Aqueles breves e relampejantes fulgores revelavam uma cidade fantasma, os monumentos e lápides do cemitério.
Não era uma noite adequada para que uma pessoa normal andasse vagabundeando ao redor de um campo santo, de modo que os três homens ali, cavando a tumba de Henry Armstrong, se sentiam razoavelmente seguros.

Dois deles eram jovens estudantes de uma Faculdade de Medicina, que ficava a alguns quilômetros de distância dali, o terceiro era um negro chamado Jess.
Jess fora contratado pelo cemitério para trabalhar como coveiro fazia muito tempo , e sua pá predileta conhecia todas as almas do lugar. Pela natureza do que naquele momento estava sendo feito, podia-se crer que o lugar não estava tão 'povoado' como o livro de registros do cemitério fazia supor.

Do outro lado do muro, ao largo da estrada, podia-se ver um cavalo e uma carroça, esperando.

O trabalho de escavação não foi difícil, a terra com a qual havia sido coberta a tumba, algumas horas antes, oferecia pouca resistência e não tardou a quedar-se amontoada do lado de fora.
Erguer o ataúde requereu mais esforço, mas Jess era experiente na tarefa e terminou por colocar o caixão sobre o monte de terra cuidadosamente, deixando a descoberto o cadáver vestido com calça negra e camisa branca.

Naquele preciso instante um raio ziguezagueou no ar, arrancando a escuridão, e quase imediatamente explodiu um trovão.

Arrancado de seu sonho, Henry Armstrong ergueu a metade superior de seu corpo, até ficar sentado.

Proferindo gritos inarticulados, os homens fugiram possuídos pelo terror, cada um em uma direção diferente.

Dos fugitivos, dois não regressariam por nada deste mundo.
Já com Jess a coisa era diferente.

Com as primeiras luzes do amanhecer, os dois estudantes, pálidos de ansiedade e com o terror de sua aventura pulsando em suas veias, chegaram na Faculdade.

-Você viu aquilo? Exclamou um deles.
-Deus! Sim... o que vamos fazer?

Se encaminharam à parte dos fundos do edifício, onde havia uma carroça presa a um cavalo, que por sua vez, fora amarrado em frente da sala de dissecação.
Lentamente os dois jovens entraram na sala.

Sentado em um dos bancos no escuro, estava o negro Jess.
Ele pôs-se de pé, sorrindo, todo olhos e dentes.
- Estou esperando meu pagamento, disse.

Nu, sobre a mesa larga, jazia o cadáver de Henry Armstrong.
Tinha a cabeça manchada de sangue e terra, por ter recebido um golpe de uma pá.


FIM.

sexta-feira, 13 de fevereiro de 2009

Carrie, a estranha - Stephen King


Carrie White come bosta.

O vestiário ecoava com gritos e o som subterrâneo da água dos chuveiros batendo nos ladrilhos. As meninas tinham jogado vôlei no primeiro tempo; o suor matutino era farto e leve.
As alunas se esticavam e se torciam debaixo da água quente, gritando, espirrando água, brancos pedaços de sabão passando de mão em mão. Plantada flegmática no meio delas estava Carrie, um sapo entre cisnes. Era uma garota troncuda, com espinhas no pescoço, nas costas e nas nádegas. O cabelo molhado, completamente sem cor, colado no rosto, em encharcada deprimência ela ficava ali em pé, a cabeça ligeiramente inclinada, deixando a água bater contra seu corpo e escorrer. Parecia um animal a ser sacrificado, o eterno alvo de gozações, a acreditar em coisas inexistentes, a abominada; e ela realmente o era.
Sempre desejou perdidamente que Ewen High tivesse chuveiros individuais privativos, como os outros ginásios de Westover ou Lewinston.
Todo mundo vivia olhando.
Olhavam sempre.


Carrie - Stephen King [ Download ]

Coma - Robin Cook


Ao sair do restaurante, Susan desfrutava de uma determinação maior do que sentira durante todo o dia. Embora não fizesse a mínima idéia de como ia investigar o problema de coma prolongado após a anestesia, achava que aquilo representava um desafio intelectual, que
poderia ser enfrentado aplicando os métodos científicos e o raciocínio.
Pela primeira vez naquele dia ela teve a impressão de que os dois primeiros anos passados na Escola de Medicina nada significavam. Suas fontes de pesquisa achavam-se na literatura, na biblioteca e nas papeletas dos pacientes, em particular de Greenly e Berman.

Perto do restaurante ficava a loja de variedades do hospital.
Era um lugar agradável, povoado e dirigido por um grupo de senhoras idosas, de aspecto suburbano, metidas em graciosos guarda-pós cor-de-rosa. As janelas da loja davam para o corredor principal do hospital e as cortinas eram barradas, conferindo ao estabelecimento a
aparência de uma casa de campo disposta no meio do atarefado hospital.
Susan entrou na loja e logo achou o que queria: um caderninho de notas, de folhas destacáveis. Metendo o caderno no bolso do avental branco, dirigiu-se para o CTI.
Seu ponto de ataque seria o caso de Nancy Greenly.

Coma - Robin Cook [ Download ]

quinta-feira, 12 de fevereiro de 2009

O Homem do Castelo alto - Philip K.Dick



Seu nome original era Frank Fink. Nascera na Costa Leste, em Nova York e, em 1941, fora convocado pelo Exército dos E.U.A., logo após a derrota da Rússia. Depois dos japoneses tomarem o Havaí, foi enviado à Costa Oeste. Quando a guerra terminou, lá estava ele, do lado japonês da linha demarcadora. E ali continuava, quinze anos mais tarde.
Em 1947, no Dia da Capitulação, tinha ficado meio frenético. Odiando os japoneses como odiava, jurou vingança; tinha enterrado suas armas dez pés abaixo da terra, num porão, bem embrulhadas e lubrificadas, para o dia do levante, dele e de seus camaradas. Contudo, o tempo funcionou como um bálsamo, um santo remédio, fato este que ele não levara em consideração. Quando se lembrava da idéia, do grande banho de sangue, da depuração dos pinocs e seus senhores, era como se estivesse revendo um daqueles manchados almanaques de seus dias de ginásio, encontrando uma relação de suas aspirações juvenis. Frank "Goldfish" Fink será paleontólogo e jura desposar Norma Prout. Norma Prout era a schönes Mädchen da classe e ele realmente jurara casar-se com ela. Aquilo tudo acontecera há muito tempo, como ouvir Fred Allen ou ver um filme de W. C. Fields. Desde 1947 ele devia ter visto ou falado com uns seiscentos mil japoneses e o desejo de agredir um ou todos eles simplesmente nunca se concretizou depois dos primeiros meses.
Deixou de ter qualquer importância.


O Homem do Castelo alto - Philip K.Dick [ Download ]

Minority report - A nova Lei - Philip K.Dick

O PRIMEIRO PENSAMENTO que ocorreu a Anderton quando viu o rapaz foi: estou ficando careca. Careca, gordo e velho. Mas não disse isso em voz alta. Pelo contrário, afastou a cadeira, pôs-se de pé, e deu a volta na mesa, com a mão direita firmemente estendida. Sorrindo com uma amabilidade forçada, apertou as mãos do rapaz.
— Witwer? — perguntou, conseguindo soar simpático.
— Isso mesmo — respondeu o rapaz. — Mas Ed para você, é claro. Quer dizer, se partilhar da minha aversão pela formalidade desnecessária. — A expressão em seu rosto louro, francamente confiante, mostrava que considerava o assunto encerrado. Seriam Ed e John: tudo seria agradavelmente cooperativo desde o começo.
— Teve dificuldades em encontrar o edifício? — perguntou Anderton reservadamente, ignorando a apresentação excessivamente amigável. Cristo, ele tinha de se segurar em alguma coisa. O medo abalou-o, e começou a transpirar. Witwer andava pelo escritório como se já fosse o seu dono — como se estivesse medin¬do o seu tamanho. Será que não podia esperar alguns dias, um intervalo decente?
— Nenhuma — respondeu Witwer com júbilo, as mãos nos bolsos. Com ansiedade, examinou os arquivos volumosos que ocupavam a parede. — Não estou vindo no escuro à sua agência, você sabe. Tenho algumas idéias pessoais sobre como a Precrime é dirigida.
Nervoso, Anderton acendeu seu cachimbo.
— Como é dirigida? Eu gostaria de saber.
— Nada mal — disse Witwer. — Na verdade, muito bem. Anderton olhou-o fixamente.
— É a sua opinião particular? Ou simplesmente um jargão? - Witwer encarou-o francamente.
— Particular e pública. O Senado está satisfeito com o seu trabalho. De fato, estão entusiasmados — acrescentou ele. — Tão entusiasmados quanto homens muito velhos podem ficar.
Anderton estremeceu, mas, externamente, permaneceu impassível. No entanto, custou-lhe um esforço. Perguntou a si mesmo o que Witwer realmente achava. O que se passava, de fato, naquela cabeça com o cabelo à escovinha. Os olhos do rapaz eram azuis, brilhantes — e perturbadoramente inteligentes. Witwer não era nenhum bobo. E, obviamente, tinha um bocado de ambição.
— Pelo que entendi — disse Anderton com cautela —, você será o meu assistente até eu me aposentar.
— Foi o que eu entendi também — replicou o outro sem hesitar nem por um instante.
— O que pode acontecer este ano ou no próximo. Ou daqui a dez anos. — O cachimbo na mão de Anderton tremia. — Não estou sendo pressionado a me aposentar. Fundei a Precrime e vou permanecer aqui o tempo que quiser. É uma decisão minha, exclusivamente.
Witwer anuiu com a cabeça, a expressão ainda franca.
— É claro.
Com esforço, Anderton acalmou-se um pouco.
— Só quis deixar as coisas claras.
— Desde o começo — concordou Witwer. —Você é o chefe. Você manda. — Demonstrando sinceridade, perguntou: — Importa-se de me mostrar a organização? Gostaria de me familiarizar com a rotina o quanto antes.
Ao passarem pelas salas cheias e sobrecarregadas de trabalho, com a sua iluminação amarelada, Anderton disse:
— Você está a par da teoria da prevenção do crime, é claro. Suponho que isto seja ponto pacífico.
— A informação que tenho é a que está disponível publicamente — replicou Witwer. — Com a ajuda de seus mutantes precognitivos, você conseguiu, audaciosamente, abolir o sistema punitivo pós-crime de cadeias e multas. Como todos sabemos, a punição nunca foi um grande impedimento, e provavelmente nunca ofereceu conforto à vítima já morta.
Tinham chegado ao elevador. Enquanto este os levava rapidamente para baixo, Anderton disse:
— Deve ter percebido o inconveniente legal básico da metodologia pré-crime. Prendemos indivíduos que nunca infringiram a lei.
— Mas que certamente infringirão — afirmou Witwer com convicção.
— Felizmente, não. Nós os pegamos primeiro, antes que cometam qualquer ato de violência. Desse modo a comissão do crime, em si mesma, é uma metafísica absoluta. Alegamos que são culpados. Eles, por sua vez, afirmam eternamente ser inocentes. E, de certa maneira, são inocentes.

Minority report - A nova Lei - Philip K.Dick [ Download ]

O vingador do futuro - Philip K. Dick



Ele acordou - e desejou Marte.
Eu irei, disse ele a si mesmo. Antes de morrer eu verei Marte.

O vingador do futuro - Philip K. Dick [ Download ]

quarta-feira, 11 de fevereiro de 2009

Fumaça e Espelhos - Neil Gaiman

SUMÁRIO
Lendo as entranhas: um rondel
Uma introdução
Cavalaria
Nicholas era...
O preço
A ponte do troll
O palhaço
O lago dos peixes dourados e outras histórias
A estrada branca
A rainha das facas
Mudanças
A filha das corujas
Shoggoth's old peculiar
Vírus
Procurando a garota
Apenas o fim do mundo novamente
Bay wolf
Arremate por atacado
Uma vida gestada nos primeiros trabalhos de moorcock
Cores frias
O varredor de sonhos
Partes estrangeiras
Sestina do vampiro
Camundongo
A mudança do mar
Quando fomos assistir ao fim do mundo
Por dawnie morninside, idade: 11 anos e 3 meses
Vento do deserto
Gostos
Bolinhos de bebê
Mistérios de assassinato
Neve, vidro, maçãs

Fumaça e Espelhos - Neil Gaiman [ Download ]

Julio Verne (12 livros)


Julio Verne (20.000 leguas submarinas, A agencia Thompson, A Galera Chancelor, A ilha misteriosa, A volta ao mundo em 80 dias, As indias negras, Da Terra a Lua, Miguel Strogoff, O castelo dos Carpatos, O farol do cabo do mundo, Os filhos do capitao Grant, Viagem ao Cenro da Terra) [ Download ]

terça-feira, 10 de fevereiro de 2009

Eldest - Christopher Paolini


“O canto dos mortos é o lamento dos vivos.”
Pensou Eragon enquanto passava por cima do corpo retorcido e despedaçado de um Urgal. O rosto destroçado do monstro o olhava com receio enquanto Eragon escutava os lamentos das mulheres que retiravam seus entes queridos do chão de Farthen Dür, enlameado pelo sangue. Depois dele, Saphira cobriu com delicadeza o cadáver. A única cor que brilhava na penumbra da montanha oca procedia de suas escamas azuis.

Tinham se passado já três dias desde que os varden e os anões se enfrentaram com urgals pela posse de Tronjheim, a cidade da montanha, mas a matança seguia esparramada pelo campo de batalha. A quantidade de cadáveres tinha frustrado a intenção de enterrar os mortos. Ao longe, uma pira de fogo emitia um lúgubre brilho junto ao muro de Farthen Dür, onde se queimavam os urgals. Não haveria enterro nem lugar honroso de descanso para eles.

Ao despertar, Eragon tinha descoberto que Angela tinha curado suas feridas, e tinha tentado por três vezes colaborar nas tarefas de recuperação. Em cada ocasião o tinham atacado terríveis dores que pareciam estalar em sua coluna, e os curadores lhe tinham proporcionado diversas poções. Arya e Angela lhe disseram que estava perfeitamente são, mesmo assim, doía-lhe. Saphira tampouco podia ajudar, quase não conseguia compartilhar sua dor quando esta percorria o elo mental que os unia.

Eragon passou uma mão pelo rosto e elevou o olhar às estrelas que apareciam pela cúpula de Farthen Dür, esfumadas pela fumaça suja de fuligem da pira.

Três dias. Três dias desde que matara Durza, três dias desde que começassem a chamá-lo o
Assassino da Sombra, três dias desde que os restos do bruxo arrasassem sua mente e o misterioso Togira Ikonoka o salvasse, o Aleijado que está ileso. Só tinha falado disso com a Saphira. Lutar contra Durza e os espíritos escuros que o controlavam tinha transformado a
Eragon, mas ele ainda não sabia com certeza se para bem ou para mau. Sentia-se frágil, como se qualquer golpe repentino pudesse fazer seu corpo e sua consciência em pedacinhos, recém reconstruídos.

Agora tinha ido ao lugar do combate, impulsionado por um mórbido desejo de ver as seqüelas. Ao chegar, não tinha encontrado mais que a incômoda presença da morte e a decomposição, nada da glória que tinha aprendido a esperar pelas canções heróicas.

Antes que os ra'zac assassinassem seu tio Garrow, a brutalidade que Eragon tinha presenciado entre humanos, anões e urgals o havia destroçado. Agora, aturdia-o.

Tinha aprendido, com a ajuda da Saphira, que a única maneira de conservar a racionalidade enquanto persistisse a dor consistia em fazer algo. Além disso, entretanto, já não acreditava que a vida possuísse nenhum sentido inerente, não depois de ver os homens rasgados pelos kull, o solo transformado em um leito de corpos desmembrados e tanto sangue derramado que até empapava suas botas. Se havia alguma honra na guerra, concluiu, só consistia em lutar por evitar o dano alheio.

Eldest - Christopher Paolini [ Download ]

Eragon - Christopher Paolini


O vento uivava na noite, carregando um aroma que mudaria o mundo. Um Espectro alto ergueu a cabeça e cheirou o ar. Ele parecia humano, exceto pelo cabelo carmesim e olhos castanho-avermelhados.
Surpreso, piscou os olhos. A mensagem estava correta: eles estavam aqui. Ou seria uma armadilha?
Ele ponderou e, depois, disse friamente:
- Espalhem-se. Escondam-se atrás das árvores e dos arbustos. Detenham qualquer criatura que se aproximar... Ou morrerão.
À sua volta doze Urgals moviam-se desordenadamente, empunhando espadas curtas e escudos de ferro redondos com símbolos pretos. Pareciam homens de pernas curvadas e de braços grossos e brutos, feitos para destruir. Um par de chifres retorcidos brotava acima de suas pequenas orelhas. Os monstros foram correndo em direção aos arbustos, grunhindo enquanto se escondiam. Logo, o barulho de folhas sendo agitadas parou, e a floresta ficou silenciosa de novo.
O Espectro olhou em volta de uma grande árvore e, depois, para a trilha. Estava escuro demais para que qualquer humano pudesse enxergar, mas para ele o fraco luar parecia a luz do sol descendo por entre as árvores. Cada detalhe mostrava-se nítido e exato para o seu olhar inquiridor. Permaneceu estranhamente em silêncio, segurando uma longa espada fosca. A arma era fina o bastante para penetrar entre duas costelas, porém era suficientemente forte para atravessar a armadura mais resistente.
Os Urgals não podiam enxergar tão bem quanto o Espectro; tateavam como mendigos cegos,
manuseando suas armas atabalhoadamente. Uma coruja piou, rasgando o silêncio. Ninguém relaxou até o pássaro voar dali. Os monstros tremiam na noite fria. Um deles quebrou um graveto com a sua bota pesada.
O Espectro sibilou furioso, e os Urgals se encolheram imóveis. O Espectro conteve sua repulsa - os monstros fediam à carne podre - e se virou. Eles eram meros instrumentos, nada mais.
O Espectro pôs sua paciência à prova quando os minutos se tornaram horas. O aroma se propagava muito à frente dos que o exalavam. Ele não deixou que os Urgals se levantassem ou se esquentassem.
Também negava esses luxos a si mesmo, permanecendo atrás de uma árvore, observando a trilha. Outra rajada de vento cortou a floresta. O cheiro estava mais forte dessa vez. Excitado, ergueu o lábio fino, mostrando os dentes.
- Preparem-se - sussurrou. Seu corpo todo tremia. A ponta de sua espada se movia em pequenos círculos. Foram necessários muitos planos e muito sacrifício para colocá-lo ali, naquele momento. Não podia perder o controle agora.

Eragon - Christopher Paolini [ Download ]

segunda-feira, 9 de fevereiro de 2009

O Triunfo dos porcos - George Orwell


Encaremos a realidade: a nossa vida é miserável, penosa e curta. Nascemos, somos alimentados apenas com a comida necessária para nos mantermos vivos, e aqueles de entre nós que têm capacidade para isso, são forçados a trabalhar até ao limite das suas forças; e, no preciso momento em que a nossa utilidade chega ao fim, somos abatidos com terrível crueldade.
Nenhum animal na Inglaterra, depois do primeiro ano de idade, conhece o significado da felicidade ou do ócio. Nenhum animal é livre na Inglaterra. A vida de um animal é angústia e
escravidão; esta é a verdade nua e crua. Mas será que isto faz parte da lei da natureza?

O Triunfo dos porcos - George Orwell [ Download ]

Admirável Mundo Novo - Aldous Huxley


Um edifício feio cinzento e acachapado, de trinta e quatro andares apenas. Acima da entrada principal, as palavras Centro de Incubação e Condicionamento de Londres Central e, num escudo, o lema do Estado Mundial: Comunidade, Identidade, Estabilidade.

A enorme sala do andar térreo dava para o norte. Apesar do verão que reinava para além das vidraças, apesar do calor tropical da própria sala, era fria e crua a luz tênue que entrava pelas janelas, procurando,; faminta, algum manequim coberto de roupagem, algum vulto acadêmico pálido e arrepiado, mas só encontrando o.vidro, o níquel e a porcelana de brilho glacial de um laboratório. À algidez hibernai respondia a algidez hibernai. As blusas dos trabalhadores eram brancas, suas mãos estavam revestidas de luvas de borracha^ pálida, de tonalidade cadavérica. A luz era gelada, morta, espectral.

Somente dos cilindros amarelos dos microscópios lhe vinha um pouco de substância rica
e viva, que se esparramava como manteiga ao longo dos tubos reluzentes.
— E isto — disse o Diretor, abrindo a porta — é a Sala de Fecundação.

No momento em que o Diretor de Incubação e Condicionamento entrou na sala,
trezentos Fecundadores, curvados sobre os seus instrumentos, estavam mergulhados
naquele silêncio em que apenas se ousa respirar, naquele cantarolar ou assobiar
inconsciente por que se traduz a mais profunda concentração. Uma turma de estudantes
recém-chegados, muito jovens, rosados e bisonhos, seguia com certo nervosismo, com
uma humildade um tanto abjeta, as pisadas do Diretor. Todos traziam um caderno de
notas, no qual, cada vez que o grande homem falava, rabiscavam desesperadamente.

Eles bebiam ali seu saber na própria fonte. Era um privilégio raro. O D. I. C. de Londres
Central sempre fazia questão de conduzir pessoalmente seus novos alunos na visita aos
vários serviços e dependências.
— Simplesmente para lhes dar uma idéia de conjunto — explicava-lhes.

Porque era preciso, naturalmente, que tivessem alguma idéia de conjunto para poderem fazer seu trabalho inteligentemente — mas uma idéia a mais resumida possível para que se tornassem membros úteis e felizes da sociedade. Porque os detalhes, como se sabe, conduzem à virtude e à felicidade; as generalidades são males intelectualmente
necessários. Não são os filósofos, mas sim os colecionadores de selos e os marceneiros
amadores que constituem a espinha dorsal da sociedade.
— Amanhã — acrescentava, sorrindo-lhes com uma jovial idade levemente ameaçadora — os senhores entrarão no trabalho sério. Não terão tempo para generalidades. Enquanto isso. . .

Enquanto isso, era um privilégio. Da própria fonte para o caderno de notas. Os rapazes rabiscavam febrilmente.

Alto e um tanto magro, mas teso, o Diretor adiantou-se sala a dentro. Tinha o queixo alongado e os dentes fortes, um pouco proeminentes, que seus lábios grossos, de curva acentuada, mal conseguiam encobrir quando não estava falando. Velho? Jovem?
Trinta anos? Cinqüenta? Cinqüenta e cinco? Era difícil dizer. Aliás, não vinha ao caso;
nesse ano da estabilidade, 632 D. F., a ninguém ocorreria perguntar.

— Vou começar pelo começo — disse o D. I.C., e os estudantes mais aplicados
anotaram sua intenção no caderno: Começar pelo começo. — Isto — agitou a mão — são
as incubadoras. — E, abrindo uma porta de proteção térmica, mostrou-lhes porta-tubos
empilhados uns sobre os outros e cheios de tubos de ensaio numerados. — A provisão de
óvulos para a semana. Mantidos à temperatura do sangue; ao passo que os gametas
masculinos — e abriu outra porta — devem ser guardados a 35°, em vez de 37°. A
temperatura normal do sangue esteriliza. — Carneiros envoltos em termogênio não
procriam cordeiros.

Sempre apoiado contra as incubadoras, forneceu-lhes, enquanto os lábios corriam ilegível mente de um lado a outro das páginas, uma breve descrição do moderno processo de fecundação; falou-lhes primeiro, naturalmente, da sua introdução cirúrgica — "a operação suportada voluntariamente para o bem da Sociedade, sem esquecer que proporciona uma gratificação de seis meses de ordenado"; continuou com uma exposição sumária da técnica de conservação do ovário, secionado no estado vivo e em pleno desenvolvimento; passou a considerações sobre a temperatura, a salinidade e a viscosidade ótimas; fez alusão ao líquido em que se conservavam os óvulos destacados e chegados à maturidade; e, levando os alunos às mesas de trabalho, mostrou-lhes mesmo como se retirava esse líquido dos tubos de ensaio; como se fazia cair gota a gota sobre as lâminas de vidro, especialmente aquecidas, para preparações microscópicas; como os óvulos que ele continha eram inspecionados com vista a possíveis caracteres anormais, contados e transferidos para um recipiente poroso; como (e levou-os a observar a operação) esse recipiente era mergulhado em um caldo tépido contendo espermatozóides que nele nadavam livremente — "na concentração mínima de cem mil por centímetro cúbico", insistiu; e como, ao cabo de dez minutos, o vaso era retirado do líquido e seu conteúdo novamente examinado; como, se ainda restassem óvulos não fecundados, era
ele mergulhado uma segunda vez e, se necessário, uma terceira; como os óvulos
fecundados voltavam às incubadoras; onde eram conservados os Alfas e os Betas até
seu acondicionamento definitivo em bocais, enquanto os Gamas, os Deltas e os ípsilons
eram retirados ao fim de apenas trinta e seis horas para serem submetidos ao Processo
Bokanovsky.
— Ao Processo Bokanovsky — repetiu o Diretor, e os estudantes sublinharam essas palavras nos seus cadernos.
Um ovo, um embrião, um adulto — é o normal. Mas um ovo bokanovskizado tem a
propriedade de germinar, proliferar, dividir-se: de oito a noventa e seis germes, e cada um
destes se tornará um embrião perfeitamente formado, e cada embrião um adulto completo. Assim se consegue fazer crescer noventa e seis seres humanos em lugar de um só, como no passado. Progresso.
— A bokanovskização — disse o D.I.C., para concluir — consiste essencialmente numa série de paradas do desenvolvimento. Nós detemos o crescimento normal e, paradoxalmente, o ovo reage germinando em múltiplos brotos.
Reage germinando. Os lápis entraram em atividade.

Admirável Mundo Novo - Aldous Huxley [ Download ]

domingo, 8 de fevereiro de 2009

Gardner Dozois


Gardner Dozois (23 de Julho de 1947) nasceu em Salem, Massachusetts, escritor e editor de Ficção Científica.

Descendente de índios americanos e irlandeses (além de franceses e holandeses), passou três anos servindo no exército como jornalista militar em Nuremberg, Alemanha (também trabalhando em rádio e televisão). Fez teatro, estudou antropologia, fotografia, além de ser um entusiasta por esportes como natação e ciclismo.

Começou sua carreira como escritor em 1966.
Entre 1985 e 2004, Gardner foi responsavel pela revista Asimov's Science Fiction.

Dozois, fez do conto sua especialidade, e ganhou o prêmio Nebula de melhor conto de 1983 com "The Peacemaker", e em 1984 por "Morning Child". Frequentemente tem seu trabalho incluido em varias coletâneas, como Visible Man (1977), Geodesic Dreams, Slow Dancing through Time (1990) e Strange Days (2001).

Mas foi como editor que Gardner Dozois ficou mais conhecido. Venceu por treze vezes o prêmio Hugo como melhor editor profissional. Suas coletâneas são famosas, entre elas, 'The Year`s Best Science Fiction', que e publicada anualmente, desde 1984. Outra colaboracao de Dozois, junto com Jack Dann, abrange coletâneas temáticas, como Cats, Dinosaurs, Seaserpentes e Hackers.

A Kingdom by the sea [ Download ]
A Knight of ghosts and shadows [ Download ]
Down among the dead men [ Download ]
Horse of air [ Download ]
Morning child [ Download ]
The Peacemaker [ Download ]
Ancestral voices (com Michael Swanwick)[ Download ]
Isaac Asimov`s Utopias (com Sheilla Williams) [ Download ]

sábado, 7 de fevereiro de 2009

O mundo submerso - J.G.Ballard


(...Além de poucos homens como Bodkin, não havia ninguém que ainda se lembrasse de como
era viver nas cidades e mesmo na infância de Bodkin elas já haviam se transformado em
cidadelas protegidas por enormes diques, pouco a pouco sendo desintegradas pelo pânico,
pelo desespero, relutantes Venezas em se casar com o mar. Seu charme e beleza residiam
precisamente em seu vazio, uma estranha junção de extremos da natureza, como uma coroa de
ouro abandonada e coberta de orquídeas selvagens.

A sucessão dos cataclismas geofísicos que transformaram o clima da Terra havia se iniciado
sessenta ou setenta anos antes. Uma série de violentas e prolongadas tempestades solares
durante anos causou uma instabilidade solar que acabou por expandir o cinturão de Van
Allen, diminuindo o campo gravitacional e enfraquecendo as camadas da ionosfera. Assim
que elas se foram, cessando de agir como uma barreira contra o impacto direto da radiação
solar, as temperaturas começaram a subir e o calor atmosférico se expandiu até os limites da
ionosfera, fechando o ciclo.

Pelo mundo todo, as temperaturas começaram a subir alguns poucos graus a cada ano.
A maioria das áreas tropicais rapidamente se tornou inabitável; populações inteiras migraram
para o norte ou para o sul, fugindo de temperaturas que chegavam a sessenta graus. Uma vez
que as áreas temperadas se tornaram tropicais, Europa e a América do Norte foram lavadas
por contínuas ondas de calor, raramente abaixo de trinta e cinco graus. Sob a direção das
Nações Unidas, a colonização do platô Antártico se iniciou, assim como das bordas ao norte
da Rússia e do Canadá.

Neste período inicial de vinte anos, o gradual ajuste das formas de vida ao clima alterado se
fez notar. Era inevitável preservar o tempo escasso, e pouca energia podia ser despendida para
conter o avanço das florestas na região equatorial.

Não apenas houve um crescimento acelerado de todas as formas de plantas, mas com o
aumento dos níveis de radiação, a taxa de mutação natural cresceu como nunca antes.

As primeiras aberrações botânicas surgiram na forma de gigantescas árvores do período
Carbonífero e houve uma drástica aparição de todo tipo de plantas rasteiras e de novos
animais.

A chegada desses parentes remotos foi praticamente relegada devido ao acontecimento de
uma segunda catástrofe. O aquecimento contínuo da atmosfera acabou por derreter os mantos
polares. A penetração destes mares antes congelados da Antártica dissolveu dezenas de
centenas de glaciários junto ao círculo antártico, da Groelândia ao norte da Europa, Rússia e
América do Norte lançando ao mar milhões de acres de permafrost liquefeitos em gigantescos
rios.

Mais do que alguns poucos metros, a subida do nível global das águas subitamente se tornou
avassaladora, carregando bilhões de toneladas de sedimentos. Imensos deltas surgiram
abrindo continentes de uma costa a outra, ligando oceanos. Os mares que antes ocupavam
dois terços da superfície do planeta passaram a tomar mais da metade.

Levando consigo o solo agora submerso, os novos oceanos redefiniram completamente o
formato e os contornos dos continentes sobreviventes. O mediterrâneo contraiu-se num
sistema de ilhas, as ilhas britânicas estavam novamente ligadas ao norte da França. O meio
oeste da América do Norte foi dividido pelo novo Mississipi até as Rochosas, formando um
enorme golfo que começava na baía de Hudson, enquanto o mar do Caribe virou um deserto
plano de sal. A Europa se tornou um sistema de gigantescas lagoas, concentrado
principalmente nas cidades mais baixas, niveladas pela inundação de sedimentos carregados
pelos rios que se expandiam.

Durante os trinta anos seguintes, a migração das populações do planeta em direção aos pólos
continuou. Poucas cidades fortificaram-se o bastante para poder resistir à subida do nível das
águas e o crescimento das florestas, com a construção de engenhosas paredes de contenção do
oceano ao redor de seus perímetros, porém uma por uma elas foram derrotadas. Somente nos
antigos círculos árticos e antárticos a vida ainda era tolerável. A incidência oblíqua dos raios
solares provinha de uma barreira contra a poderosa radiação. As cidades mais altas e situadas
em áreas montanhosas na linha do Equador tiveram que ser abandonadas, apesar de suas
temperaturas mais frias, devido à diminuição da proteção atmosférica.

Este último fator acabou sendo determinante para solucionar o problema do reassentamento
das populações migrantes naquela Nova Terra.

Com o declínio da fertilidade dos mamíferos e o crescimento acentuado de anfíbios e répteis,
mais adaptados ao cenário aquático da lagoas e pântanos, houve a inversão do balanço
ecológico. Na época do nascimento de Kerans em Campo Byrd, uma cidade de dez mil
pessoas na Groelândia do norte, foi estimado que pouco mais de cinco milhões de pessoas
estavam vivendo nos pólos.

O nascimento de uma criança havia se tornado algo raro, praticamente ocorrendo em apenas
um em cada dez casamentos.

Como se lembrava Kerans ocasionalmente, a árvore genealógica da raça humana podava a si
mesma de tempos em tempos, aparentemente movendo-se para trás no tempo, chegando a um
ponto onde novos Adão e Eva se encontrariam sozinhos no Éden...)

O mundo submerso - J.G.Ballard [ Download ]

sexta-feira, 6 de fevereiro de 2009

Vinieron de La Tierra - Jim Wynorski


INTRODUCCIÓN: EL PAVO QUE ATACÓ NUEVA YORK
Todo el mundo sabe cómo hacer una perla: meta un grano de arena en el interior de una ostra y espere a que la ostra se ponga prodigiosamente enferma.

Todo el mundo piensa que sabe cómo hacer una película: meta la historia adecuada en una fábrica de sueños de Hollywood y aguarde los mismos resultados que con la ostra.
Esto es más fácil de decir que de hacer, como queda atestiguado al leer las historias de esta recopilación, luego sentándose unos cuantos días en la oscuridad de un cine, viendo las calamidades—y a veces las bellezas— que surgieron de ingerir unas ideas y pasarlas luego por la manivela de una cámara. Algunas perlas aquí y allá, pero, en la mayoría de las ocasiones, como en el caso de El monstruo de tiempos remotos, la cámara se tragó el dinosaurio y dio a luz un herrerillo.

Luego les hablaré más de mis reacciones personales.
¿Por qué estoy ahora aquí al frente de estas páginas, escribiendo acerca de estas historias y de los filmes que surgieron de las mismas? En muchos casos leí estas historias hace años, cuando fueron publicadas por primera vez. Conozco muy bien a algunos de sus autores. He visto la mayor parte de los filmes surgidos de ellas, algunos más de media docena de veces. He asistido al preestreno de al menos cuatro de los filmes incluidos aquí.

Pero, mucho antes de eso, mi entrenamiento cinematográfico se inició con una madre maniaca a la que había que sacar a rastras de los teatros de cine mudo, tras la última sesión de la noche, por un marido hambriento o un hijo enviado a traer de vuelta a mamá a casa. Sin embargo, la mayor parte de las veces el hijo olvidaba para qué había sido enviado y se quedaba allá con mamá para la siguiente sesión. Durante esas horas oscuras me enamoré de las horribles bellezas creadas por Lon Chaney y el brontosauro en El mundo perdido que caía por el precipicio y aterrizaba sobre mí. Cuando el submarino del capitán Nemo, gobernado por Lionel Barrymore, asomó a la superficie en La isla misteriosa de la MGM, yo me asomé con él y leí a Julio Veme al día siguiente.

Cuando el dirigible futurista de la Fox en Simplemente imagina sobrevoló Manhattan, yo estaba ahí arriba con él. En 1935, cuando Cabal en La vida futura me dijo que prestara atención a las estrellas, escuché y volé... ¿Por qué es importante reunir una antología como ésta? En primer lugar, para mostrar cómo el material de un medio puede polinizar a otro. Luego, muy a menudo ahí está la impresión cuando uno descubre que la historia original era mejor que el filme que surgió de ella. Finalmente, uno se da cuenta de que en muchas ocasiones es posible rehacer la
historia como una nueva película, basada más ajustadamente en la historia original, dando como resultado un producto que difícilmente se parece a la primera versión cinematográfica.
¿Quién está ahí?, de John W. Campbell, es un magnífico ejemplo pura citar.
Alguien debería releer realmente esta historia y luego hacer una película ajustada al concepto
evocativo de Campbell. El enigma de otro mundo, pese a su popularidad, no era afín de cuentas tan buena como eso, ¿no creen?

Igualmente, hay rumores de que la Twentieth Century Fox puede realizar una secuela de Ultimátum a la Tierra. Si es así, sería juicioso por su parte que releyeran El amo ha muerto antes de empezar a filmar. Quizá decidieran meter directamente las páginas dentro de la cámara.

El monstruo de tiempos remotos es probablemente la peor del lote. Mi historia, de la que supuestamente fue extraído el filme, aparece realmente tan sólo durante algunos minutos a la mitad de la cinta, y luego se desvanece misericordiosamente. ¿Cómo, preguntarán ustedes, permitió usted que ocurriera esto? ¿Por qué dejé que el productor / director arruinara mi relato? Los hechos son simples... y extraordinariamente divertidos.
Roy Harryhausen, el animador de la bestia prehistórica en El monstruo de tiempos remotos, vivía en Los Ángeles, donde lo conocí yo en 1937, y hablaba únicamente de dinosaurios. Nuestro sueño era hacer algún día una película juntos, yo escribiéndola, Ray animando a las encantadoras criaturas.

A principios de 1952 recibí una llamada telefónica de un productor de Hollywood pidiéndome que acudiera a echarle un vistazo al guión de un filme sobre dinosaurios que estaba preparando, con Ray Harryhausen como encargado de la animación. Acudí, leí el guión en una hora, y luego se me pidió si aceptaría revisarlo. —Quizá —dije. E, incidentalmente, añadí—: este guión cinematográfico tiene un ligero parecido con un relato mío titulado El monstruo de tiempos remotos que apareció en el Saturday Evening Post hará algunos años.

El rostro del productor se puso verde. Tragó saliva, intercambiamos algunas palabras más, y nos separamos tambaleándonos. Afuera, estallé en una carcajada. Involuntariamente, la gente que había escrito el guión había tomado la temática de mi historia del Post, la había puesto en imágenes sobre el papel, olvidando de dónde había tomado la idea, ¡y había llamado al autor de la historia original para que lo revisara! No hubo problemas, ni recriminaciones, ni acusaciones. A la tarde del día siguiente llegó un cablegrama de la compañía productora pidiéndome autorización para contratar los derechos de mi historia. Se firmó el contrato, y se hizo la película. Aquellos de ustedes que la hayan visto verán que no hay mucha cosa en el filme. Todo lo bueno en él debe
atribuirse al buen hacer de Harryhausen. Cuando el dinosaurio aparece en pantalla, la cosa funciona, gracias. Cuando la acción se para y se inician los diálogos, los niños —los mejores críticos— corren arriba y abajo por los pasillos o se van a los servicios.

Así que el filme no tiene prácticamente nada que ver con mi historia del Post. Algún día
volveré a trasladarla al cine... y lo haré bien.
De todos modos, debo añadir que la cosa tuvo un final feliz. John Huston leyó El monstruo de tiempos remotos, creyó captar el fantasma de Melville en ella (aunque yo no había leído a Melville hasta después de encontrarme con Huston), y me ofreció hacer el guión de Moby Dick. Acepté, y me trasladé a una bestia mucho más grande de un libro mucho más grande en un filme mucho más grande.

Cito este ejemplo personal debido a que probablemente representa, en una u otra forma, los problemas con los que han debido de enfrentarse los escritores de las historias de este libro, y el destino que sufrieron esos hijos de su mente una vez llegaron a las manos idiotas de los responsables de los estudios, que creían que debían abrir todas las latas de habichuelas y echarles unos cuantos trozos de carne de búfalo para darles un poco de sabor creativo.
Lo divertido, en una recopilación como esta, es comparar las historias con los filmes surgidos de ellas. La película Doctor Cíclope, ¿era o no mejor que la historia original?

¿Fue o no fue La décima víctima un perfeccionamiento en la pantalla de la historia de Roben Sheckley? Aburrida, cuando no confusa, fue el veredicto final. ¿Fue La mosca, tal como fue filmada por la Twentieth Century Fox, tan apasionante como el relato impreso de George Langelaan? Mis hijas han visto la película diez o doce veces, pero hay un toque de burla en cada una de sus sentadas. Finalmente, por supuesto, llegamos al terremoto. El evocativo y muy corto El centinela, de Arthur C. Clarke, es uno de esos increíbles ejemplos que crecen y crecen hasta
convertirse en un enorme test de Rorschach para esos maniacos de las sesiones de cine
de medianoche que ven sus películas abajo y de través, con ayuda de cerveza o mescalina o ambas cosas al mismo tiempo como ayudas visuales. La historia más el filme probablemente han originado más conversaciones de toda una noche y han destruido más amistades cuasiintelectuales que ninguna otra combinación filme/relato en toda la historia.

Lo que ustedes tienen en este libro es, me atrevería a afirmar, un curso de un semestre de duración sobre ideas, el arte de escribir ficción, y el arte de trasladarla al cine tal como es practicado hasta su nacimiento o aborto. A los pocos meses de su publicación, estoy seguro de que este volumen será probablemente adoptado para tales cursos, que generalmente suelen celebrarse en atmósferas caldeadas entre efluvios de cerveza y ojos muy abiertos.

Casi parece apropiado aquí, llegando al final de mi introducción, mencionar el hecho de que el título inglés de este libro es notablemente parecido al del primer guión de cine que escribí para la Universal allá en 1952, Vino del espacio exterior. La historia no ha sido incluida aquí, pero mi experiencia con ella puede arrojar algo de luz sobre el por qué la ficción es tan a menudo excelente y los filmes tan a menudo de mala calidad.

Fui llamado por la Universal en el verano del 52 porque, como suele ser habitual, las visiones de grandes ingresos de taquilla danzaban por sus cabezas. Todo lo que sabían era que deseaban Algo que llegara del Espacio Exterior: un monstruo espeluznante, algo lo suficientemente horrible como para que los hermanos Westmore pudieran divertirse convenientemente en el departamento de maquillaje. En mis charlas preliminares con el productor y el director, pude ver que estábamos a años luz de distancia. Yo deseaba un enfoque mucho más sutil, algo con una auténtica idea en ello. Ellos únicamente veían lo obvio..., y lo obvio más vulgar.

Propuse un compromiso, y les dije que en un período de dos a tres semanas escribiría no el tratamiento de una historia para ellos, sino dos. Una versión, con su enmohecida historia, sería para ellos. La segunda y mucho mejor versión sería para mí. El día que yo les entregara mis dos tratamientos, tendrían una semana para decidir qué historia iban a utilizar. Si era la suya, guardaría mi máquina de escribir, les robaría unos cuantos paquetes de papel como compensación, y me marcharía sin ningún resentimiento. Si era la mía; me quedaría y terminaría de desarrollar la versión. Sorprendentemente, compraron la idea, aunque, los dados estaban cargados. Si yo quería, podía redactar un primer guión francamente malo, utilizando su crujiente
maquinaria como base. No lo hice. Escribí un guión tan bueno como me fue posible.

Considerando que lo hice con la familia Westmore inclinada constantemente sobre mi hombro, era algo realmente bueno. El segundo tratamiento de la historia, el mío propio, salió mucho más aprisa y mejor. Me lo pasé estupendamente redactándolo.
Entregué ambas historias y aguardé, seguro de que elegirían la equivocada y podría marcharme a casa, no mucho más sabio y bastante más pobre. Decidieron muy rápidamente. A las cuarenta y ocho horas me llamaron y dijeron:
—Nos gusta su historia, su idea, su versión. Es mejor. Siga por ese camino. Nosotros
no nos entrometeremos.

Francamente, me quedé atónito. Ya tenía hechas las maletas, preparado para irme. En vez de ello, inmensamente complacido, me senté e hice la más estúpida e inocente de las cosas: escribí no el tratamiento de treinta o cuarenta páginas que me habían pedido sino, encantado por la idea, todo el guión en su forma más acabada, casi noventa páginas.

Recibieron, en esencia, todo un guión completo por la enorme suma de tres mil dólares, que fue mi salario definitivo por las cuatro o cinco semanas que pasé en los estudios. Con el tratamiento en la mano, me despidieron y contrataron a Harry Essex para que hiciera el guión definitivo (que, me dijo él más tarde, consistió únicamente en ponerle el glaseado al pastel). ¿Por qué se lo dejé tan fácil?, me preguntó más tarde, en una ocasión en la que nos encontramos. Porque, respondí, era un estúpido, y estaba enamorado con una idea..., una buena combinación para escribir pero una mala combinación cuando tienes detrás tuyo una familia a la que mantener.
El filme se hizo y, por supuesto, los estudios no pudieron resistir la tentación de incluir algunas de sus malas ideas. Les había advertido que no mostraran el «monstruo» a la luz... nunca. Ignoraron mi advertencia. Los peores momentos de la película surgen cuando el monstruo hace precisamente eso: deja de ser misterioso, da un paso al frente, y se convierte en una sarta de carcajadas. Pese a todo, la película era buena, un modesto intento y un éxito financiero.

Años más tarde tuve mi gran revancha, sin embargo. Cuando conocí por primera vez a
Steven Spielberg, al día siguiente del pase privado de Encuentros en la tercera fase, lo primero que me dijo Spielberg tras estrecharnos las manos fue:
—¿Le ha gustado su película?
—¿Cómo...?—dije.
—Encuentros no hubiera visto la luz —explicó— si yo no hubiera visto Vino del espacio
exterior seis veces cuando era un niño. Gracias.
Suficiente. Ya es hora de que ustedes vuelvan las páginas y entren en esas historias, recordando lo buenas que eran y cuan a menudo los filmes que siguieron torpemente sus huellas desplegaron la misma ingeniosidad que la momia persiguiendo a la aterrorizada dama de turno con zapatos de tacón alto por los pantanos..., no demasiado hábilmente, pero alcanzándola a fin de cuentas.
Y recuerden, yo fui el tipo que vio la remake de King Kong y la tituló El pavo que atacó Nueva York. Dino de Laurentis no me lo ha perdonado. Espero que no lo haga nunca.

ÍNDICE
Introducción (The Turkey That Attacked New York, 1980) Ray Bradbury.
Doctor Cíclope (Dr. Cyclops, 1940) Henry Kuttner.
La Sirena en la niebla (The Fog Horn, 1951) Ray Bradbury.
La máquina alienígena (The Alien Machine, 1949) Raymond F. Jones.
La mosca (The Fly, 1957) George Langelaan.
La séptima víctima (Seventh Victim, 1953) Robert Sheckley.
El corredor (The Racer, 1956) Ib Melchior.
Un muchacho y su perro (A Boy and His Dog, 1969) Harlan Ellison.

Vinieron de La Tierra - Jim Wynorski [ Download ]

Vinieron del Espacio Exterior - Jim Winorski


Érase una vez un maravilloso teatro..., una cavernosa sala de espectáculos con platea y dos pisos donde un muchacho y sus amigos podían dar rienda suelta a su nostalgia todos los sábados por la tarde por sólo cuatro cuartos. Se llamaba La Calita y sus acomodadores llevaban unas llamativas chaquetillas rojas, había una gigantesca pantalla enmarcada con cortinas de terciopelo, y su principal atracción era una encantadora señora detrás del mostrador de los caramelos que realmente fundía auténtica mantequilla para hacer las palomitas de maíz. Si usted alcanzó su pubertad en algún momento antes de finales de los 60, probablemente tendrá una “La Calita” en lo más precioso del arcón de sus recuerdos.

Porque fue en esos maravillosos palacios antiguos donde nosotros echamos nuestra primera mirada al futuro. Junto con los tiroteos de los cowboys y las historias policíacas, un nuevo tipo de películas golpeó la plateada pantalla con una auténtica rociada cuando los Estados Unidos entraron en la era atómica a finales de los años 40. Quizá usted fue uno de los primeros en ver películas tan proféticas como Con destino a la Luna o Cohete X-M durante las primeras citas con su chica. Ambos films fueron despachados como mera basura por los críticos, pero hoy en día, apenas treinta años más tarde, su visión retrospectiva del aterrizaje lunar y de la exploración marciana ha penetrado ya en la historia.

Pero por aquel entonces películas tales como Ultimátum a la Tierra y Vino del espacio exterior eran rodadas tan sólo para los soñadores, una entusiasta multitud joven más que deseosa de ser arrastrada al espacio profundo o de desafiar los desconocidos peligros de una invasión alienígena. En nuestra desbordada imaginación, todos nosotros efectuamos el peligroso viaje interestelar hasta la Metaluna sacudida por la guerra en Esta isla la Tierra, luchamos contra los invisibles “monstruos del Id” en el Planeta prohibido; luego regresamos a la Tierra a fin de sofocar La invasión de los ladrones de cuerpos.

Con un presupuesto grande o pequeño, con un plantel de grandes estrellas o un reparto de completos desconocidos, las primeras películas de ciencia ficción tenían todas ellas una cosa en común: inspiraban un innegable “sentido de la maravilla” en millares de impresionables jóvenes. Incluso indujeron a muchos de ellos a acudir a los periódicos o revistas de ciencia ficción y buscar allí el complemento que acabara de llenarles.

Lo sé... porque es lo que me ocurrió a mí. Inmediatamente después de que la Universal llevara a la pantalla El increíble hombre menguante, sentí una abrumadora compulsión que me obligó a comprar un ejemplar de la ahora clásica novela de Richard Matheson. Aquello representaba dejar de comprar cinco tebeos de diez centavos cada uno, pero el medio dólar fue gastado sin el menor remordimiento, y la novela estuvo pronto camuflada bajo las tapas de un libro de texto para una más fácil lectura en cualquier momento. Cuando llegué al último capítulo supe que el montón de tebeos que tenía en mi mesilla de noche iba a desaparecer para siempre. Porque allí había excitación y aventuras que ningún superhéroe enmascarado podría jamás igualar. Y como un auténtico adicto de la ciencia ficción, tenía que hacer algo más... inmediatamente.

Muchos días entre semana me encontraron en la biblioteca local y en las librerías de segunda mano, buscando nombres como Asimov, Sturgeon, Bradbury y Clarke. Mientras tanto, los fines de semana, me especialicé en acaudillar safaris en grupo hacia cualquier cine en un radio de quince kilómetros... presentando a mis amigos las últimas fantasías de Hollywood.

A veces un excelente guión y una magnífica actuación de conjunto eran lo más importante, como ocurría en films tales como El enigma de otro mundo, El pueblo de los condenados y La Tierra en llamas. Otras veces era el departamento de efectos especiales el que nos mantenía clavados en nuestros asientos, con películas tales como La guerra de los mundos, la Tierra contra los platillos volantes y La máquina del tiempo.

Inmediatamente detrás de estos reverenciados clásicos había un amplio abanico de honorables menciones: películas imaginativas que, por una u otra razón, habían fracasado en conseguir todo su potencial. Viaje al séptimo planeta, con su original premisa de un cerebro omnipotente controlando a todo el mundo, es un apreciable ejemplo de una gran idea estropeada por unos decorados baratos y una confusa dirección. Otros títulos de esta amplia categoría incluyen obras estimables, tales como el angustioso Terror en el espacio, de Mario Bava, y el film lleno de suspense de Edward L. Cahn, Ello: el terror de más allá del espacio, ambas precursoras del inmensamente popular film de ciencia ficción de 1979 titulado Alien, el octavo pasajero.

Sí, como en todos los géneros, por cada esfuerzo digno había también docenas de “Serie Z” inundando el mercado. ¿Recuerdan la masiva decepción cuando el alienígena de Vuelo a Marte resultó ser el actor de carácter Morris Ankrum metido en un apolillado traje espacial? ¿Y los abucheos y silbidos en Cinco doncellas del espacio exterior cuando se reveló que el monstruo era un hombre llevando un jersey de cuello vuelto sobre su cabeza? Y aunque muchos lo han intentado, ¿quién puede olvidar el espantoso gorila alienígena en Monstruo robot?

Hoy, por supuesto, incluso los más populares films de ciencia ficción de años pasados han sido superados por otros films tales como La guerra de las galaxias y Encuentros en la tercera fase.
¡Y cómo no! Los jóvenes directores George Lucas y Steven Spielberg han reconocido ambos ser admiradores del cine y de la literatura de imaginación. Ellos también crecieron leyendo Amazing Stories y sentados en primera fila viendo No de esta Tierra y La invasión de los hombres de los platillos volantes.

Quizás algún día, gracias a la influencia de Luke Skywalker y a la Nave Nodriza en CE3K, un director del mañana nos presente aventuras especulativas aún más impresionantes en la pantalla. Pero por ahora celebremos algunos de los espléndidos films y excelentes autores que lo iniciaron todo. Aquí presentamos una serie de los más famosos relatos de ciencia ficción trasladados al celuloide. Así que amortigüemos las luces... el telón va a alzarse inmediatamente.

ÍNDICE
Introducción - Vinieron del espacio exterior, Jim Wynorski
El centinela, Arthur C. Clarke
El amo a muerto, Harry Bates
Ciudad implacable, Ivar Jorgenson
El montaje cósmico, Paul W. Fairman
¿Quién hay ahí?, John W. Campbell, Jr.

Vinieron del Espacio Exterior - Jim Winorski [ Download ]

quinta-feira, 5 de fevereiro de 2009

Duna - Frank Herbert (5 livros)



Série Duna - Frank Herbert (Duna, O Imperador-Deus de Duna, Os hereges de Duna, O messias de Duna, Os filhos de Duna) [ Download ]

Explorando el Futuro - Donald A. Wollheim & Terry Carr


ÍNDICE
Velero solar (Sunjammer; 1964) Arthur C. Clarke.
El reposo del viajero (Traveller's Rest; 1965) David I. Masson.
En nuestra manzana (In Our Block; 1965)R. A. Lafferty.
El velo rojo (Masque of the Red Shift; 1965) Fred Saberhagen.
El brujo cautivo (The Captive Djinn;1965) Christopher Anvil.
Punto evanescente (Vanishing Point; 1965) Jonathan Brand.
Planeta del olvido (Planet of Forgetting; 1965) James H. Schmitz
La visita del dr. Reloj (Calling Dr. Clockwork; 1965) Ron Goulart.
Creadores de decisiones (The Decision Makers; 1965) Joseph Green.
Segregación (Apartness; 1965) Vernor Vinge.
Sobre el río y a través del bosque (Over the River and Through the Woods; 1965)
Clifford D. Simak.

Explorando el Futuro - Donald A. Wollheim & Terry Carr [ Download ]

quarta-feira, 4 de fevereiro de 2009

El Planeta Oculto - Donald A. Wollheim


INTRODUCCION
Todo el mundo conoce la estrella vespertina, esos raros brillantes sostenidos dominan
por una hora o dos el cielo crepuscular poco después de la puesta del sol.
Los madrugadores conocen también el Lucero del Alba que, en algunas épocas del año,
anuncia la salida del sol. El hombre moderno sabe que estos astros, en apariencia dispares, son el mismo, el planeta Venus, el más hermoso y brillante de los objetos celestiales, por ser el vecino planetario más próximo a nuestra madre Tierra.

Durante milenios los hombres se han maravillado ante su brillo rutilante y se han preguntado qué misterio oculta. Pero nos corresponde a nosotros, los que tendremos la suerte de vivir en 1960 y la década siguiente, y saber algo de lo que se oculta tras este misterio. Ha sido anunciado oficialmente que no tardarán ya mucho en realizarse las pruebas de lanzamiento de cohetes con el fin de cruzar el abismo de cincuenta millones de kilómetros que separa a ambos mundos en el momento de su mayor proximidad, con el fin de informar a los hombres que los lanzan sobre lo que se esconde bajo el velo del planeta oculto.

Lo que sabemos de Venus es escaso pero atractivo. Sabemos que por su peso y tamaño es un planeta gemelo de la Tierra: su diámetro es de 12.300 kilómetros y el de nuestro globo de 12.700. Sabemos que en Venus la intensidad de la gravedad es 0,88 de la terrestre, lo cual significa que 100 kilos sólo pesarían allí 88. Sabemos que posee una atmósfera espesa. Más próximo al Sol que la Tierra, a pesar de ello la temperatura que debe de reinar en algunos puntos de su superficie no resultaría un obstáculo para la vida.

Además, nadie sabe cómo es su superficie. Venus está cubierto eternamente por una densa capa de nubes compactas. Se desconoce la duración de su día... Las opiniones de los astrónomos varían sobre este punto, afirmando algunos que tiene una duración de veintidós horas, mientras otros sostienen que dura cuarenta y seis días de los nuestros.

Se desconoce por completo la naturaleza de su superficie; no se sabe si es un desierto, un océano o un lodazal. Incluso los elementos que constituyen su atmósfera están sujetos a polémica.

Estas cosas sólo podrá averiguarlas un cohete de pruebas. Gracias a él podremos saber también si su atmósfera contiene oxígeno y si hay agua en su superficie, sin lo cual la vida en Venus sería altamente improbable. Pero entretanto, y mientras esperamos que los cohetes inicien sus arriesgados viajes impulsados por la combustión de sus motores, podemos proyectar algunos de los posibles secretos del planeta oculto en la pantalla de la imaginación. En las cinco aventuras venusianas que se incluyen en este libro, seguramente existirán algunos extremos que resultarán proféticos. Por ello hay que leer El Planeta Oculto no sólo en busca de las emociones que solamente puede deparar la buena literatura de fantasía científica, sino también para atisbar lo que nos reserva el futuro.

ÍNDICE
Introducción
Expediente de campaña, Chad Oliver
Misión en Venus, J. T. McIntosh
Ignatz el gafe, Lester Del Rey
Los lotófagos, Stanley Weinbaum
Terror en el espacio, Leigh Brackett

El Planeta Oculto - Donald A. Wollheim [ Download ]

Crónicas de Robots - Kit Reed


ÍNDICE
Los robots no sangran, J. W. Graves (Robots Don't Bleed ©1950)
Estancia en la tierra, Dan Morgan (The Earth Never Sets ©1956)
Cantidad desconocida, Peter Phillips (Unknown Quantity © 1949)
Ámame otra vez, Carol Emshwiller (Love Me Again ©1956)
Recuerdo borrado, Peter Phillips (Lost Memory ©1952)
En busca de san Aquino, Anthony Boucher (Balaam ©1954)

Crónicas de Robots - Kit Reed [ Download ]

terça-feira, 3 de fevereiro de 2009

Humor Cosmico - Joe Haldeman


Introducción
Gran parte de la ciencia ficción es terriblemente seria. Los autores urden historias para
advertirnos de que «nos estamos agotando». Inventan nuevos universos y nuevas razas de hombres, como marcos y protagonistas de vastos dramas. Con todo el Universo, pasado, presente y futuro, como escenario, no es de extrañar que el pincel sea grueso y las pinceladas audaces.

La ciencia ficción hace mucho ruido; el zumbido de las pistolas lanzarrayos, el choque de los planetas, el rugido de las metáforas cósmicas. Pero si escuchamos atentamente, oiremos una risita ocasional, alguna carcajada, incluso, y más allá —a cuatro años luz al sudeste de Alfa del Centauro— un coro de estridentes risas. Porque también existe una ciencia ficción para divertirse.

Lo único que todos los relatos siguientes tienen en común es que me han hecho reír.
Por lo demás, son muy diferentes. Encontramos constantes y burlonas extravagancias en
las fabulosas máquinas de Henry Kuttner, pero también un relato de Damon Knight que
parece muy sensato y serio... hasta la última línea. Tenemos el más negro de los humores
negros y algunas frivolidades puramente divertidas. Ambas cosas en el mismo relato, escrito por una extraña persona con el nombre en minúscula, llamada andy offutt.
Están ustedes a punto de conocer a personas tan inverosímiles como Caedman Wickes (investigador privado, especialista en denuncias singulares), un ejército de Clark Kents, y Félix Funck, supersiquiatra. Naturalmente, hay unos cuantos sabios distraídos, e incluso uno que se desvanece gradualmente.

Y las máquinas: un enorme aparato aparentemente construido con la única finalidad de comer tierra mientras canta «St. James Infirmary», una pelota de hojalata con todo el encanto .del Viejo Mundo, un robot transparente enamorado de sus propias vísceras, y una ególatra bomba H que habla y tiene un ojo azul.

Pero no todo es frivolidad y ligereza, ¡oh, no! Estos relatos versan sobre temas tan enormemente serios como terremotos catastróficos, un mundo, que se ha vuelto loco, canibalismo, la invasión de las arañas, un dispositivo ideado para hacer estallar todo el Universo en calidad de, uh, terapia, Los temas, al menos, son serios

Índice
Un ligero error de cálculo, por Ben Bova
¡Es un pájaro, por es un avión!, por Norman Spinrad
Los robots están aquí, por Terry Carr
/ de Newton, por Joe Haldeman
Los hombres que asesinaron a Mahoma, por Alfred Bester
Servir al hombre, por Damon Knight
Una bomba en la bañera, por Thomas N. Scortia
El hechicero negro del castillo negro, por Andrew J. Black Offutt
Gallegher Plus, por Henry Kuttner

Humor Cosmico - Joe Haldeman [ Download ]