quinta-feira, 18 de junho de 2009

Contos de Ficção Científica de Autores Brasileiros


Conteúdo
Prelúdio da eternidade- Abelardo Pedroga
As irmãs - Adriana Simon
Mar de Janeiro - Adriana Simon
Missa - Adriana Simon
Tentativa de Invasão - Adriana Simon
Folha Imperial - Ataide Tartari
Rough amazon Riders - Ataide Tartari
Oh Lorde won't you buy me - Braulio tavares
Um povo de mortalha - Carlos Orsi
A emboscada- Fábio Barreto
Estranhas visões perigosas - Lucio Manfredi
Ghostwriter - Lucio Manfredi
O vinho em seu sangue - Lucio Manfredi
Spaceba - Lucio Manfredi
Vampiro - Lucio Manfredi
Derby - Marcello Simão Branco
O jogador - Matinas Perazolli
Krause - Rogério Vasconcelos
O olho virtual - Simone Saueressig
O sino de Santa Inês - Simone Saueressig


Contos de Ficção Científica de Autores Brasileiros [ Download ]

quarta-feira, 17 de junho de 2009

Cuentos fantásticos y de ciencia ficción en América Latina



Más de una vez se han confundido los límites entre la literatura fantástica y los relatos de ciencia ficción, sobre todo en los tiempos en que ésta no había aún logrado definir un campo propio.

A los fines del lector y del goce hedónico que la lectura depara tales deslindes no suponen un problema: pero existe también otro argumento: en muchos textos conviven sin molestias elementos que los preceptistas bien pueden adjudicar a uno u otro género.

Esta saludable confusión es particularmente notable en la literatura latinoamericana, con su tan mentado realismo mágico. Si se dejan de lado algunos imprecisos antecedentes, la literatura fantástica comienzo; a desarrollarse en nuestro continente con el modernismo y adquiere contundencia e innegable esplendor ya en la década del 40.

A los nombres precursores de Darío y Lugones se van agregando los de Macedonio Fernández, Borges, Carpentier, Juan Emar, Adolfo Bioy Casares y otros autores más recientes, que configuran un rico y complejo venero, del cual esta antología es buena muestra.


Estudio Preliminar

Argentina
Macedonio Fernández
Cirugía psíquica de extirpación

Adolfo Bioy Casares
El gran Serafín

Angélica Gorodischer
La lucha de la familia González por un mundo
mejor

Brasil
Murilo Rubiáo
Los tres nombres de Godofredo

André Carneiro
Trasplante de cerebro

Cuba
Virgilio Pinera
El viaje

Alejo Carpentier
Viaje a la semilla

Chile
Juan Emar
El Hotel Mac Quice

Hugo Correa
Meccano

México
Carlos Fuentes
Chac Mool

Marco A. Almazán
La vida amorosa de los robots

Uruguay
Mario Levrero
La calle de los mendigos


Cuentos fantásticos y de ciencia ficción en América Latina [ Download ]

terça-feira, 16 de junho de 2009

Lo mejor de la ciencia ficción latinoamericana


En los años sesenta se produjeron dos grandes acontecimientos en el campo de la ciencia ficción.
Uno de ellos pasó casi inadvertido en el mundo anglosajón.

El más visible de los dos fue un fenómeno que al poco tiempo adquirió la denominación de new
wave, nueva ola. Esencialmente, la new wave era un intento de introducir «corazón» en lo que hasta entonces había sido «cabeza». Los sentimientos no reemplazan exactamente al intelecto; dudo si los lectores de ciencia ficción derramaban lágrimas de alegría o tristeza mientras devoraban la nueva ciencia ficción.

Pero los autores de la new wave lucharon extraordinariamente por conseguir esa respuesta.
Otra forma de describir la new wave es que fue un notablemente logrado intento de conseguir la
audiencia de un público que normalmente sólo lee literatura general.
Mientras tanto...

En Sudamérica y en algunos países de Europa estaba evolucionando una ciencia ficción distinta,
más literaria. Frederik Pohl, que por aquel entonces era director de las revistas Galaxy y Worlds of lf, supo de este desarrollo y persuadió a sus editores para que publicasen una revista especial dedicada a esa nueva corriente, International Science Fiction.

La nueva revista no fue un éxito. Evidentemente, la new wave aún constituía por aquel entonces
una innovación. La ciencia ficción literaria todavía debería esperar a que los lectores, acostumbrados a las obras de los pulps, escritas por grandes cerebros, se ajustaran a las más sofisticadas obras escritas por grandes corazones.

No obstante, el potencial público lector de ciencia ficción es hoy tan enorme que puedo predecir
que algo así como un millón de lectores de ficción de calidad están preparados y esperando. Quizá no sepan exactamente qué es lo que están esperando, pero tendrán una idea más clara tras leer esta antología de ciencia ficción latinoamericana.

Cuando leí su traducción la primera vez, naturalmente cambié de forma automática algunos
pasajes a mi propio e inimitable inglés; por consiguiente, tuve que reescribir a máquina toda la obra para ponerla en limpio. Menciono esto porque, como es obvio, en estos casos siempre releo la versión definitiva a fin de corregir posibles errores tipográficos. Y de este modo quedé enormemente sorprendido al comprobar que gozaba mucho más de las historias en su segunda lectura. Había esperado sentirme más bien aburrido. Por el contrario, capté matices y cualidades especiales que se me habían pasado por alto en mi primera lectura.

A consecuencia de ello, me sentí motivado a escribir un breve comentario de mi reacción ante casi cada historia. Helos aquí:

El relato Primera necesidad proporciona una desacostumbradamente vivida visión de una destruida ciudad de Nueva York, con pequeñas bandas vagando por ella. Aunque nacido en Uruguay, y viviendo aún en Sudamérica, el autor parece estar muy familiarizado con el centro de Manhattan.

El argumento es superficial pero lleno de color. Y su final es realmente sorprendente.
El cambio empieza con una de las mejores frases-señuelo que he leído en los últimos años. La
historia que sigue no es sin embargo lo que uno podía haber anticipado. Escrita por una psicoanalista, que ha realizado un estudio sociológico sobre la ciencia ficción, refleja presumiblemente el análisis científico del género hecho por la autora.

La encontré diferente, y la leí con interés, sin sentirme
seguro en ningún momento de adonde me llevaría. Y cuando finalmente llegué allí seguía sin estar seguro de cómo se había realizado el milagro. Cada lector deberá decidir por sí mismo.
Mi opinión acerca de La oscuridad es la de que se trata no sólo de una gran historia de ciencia
ficción sino también de una gran obra literaria. Constituye el epítome del tipo de ciencia ficción que se está escribiendo en Sudamérica —en este caso en portugués— y casi en todas partes fuera del mundo de habla inglesa; no acción tipo pulp sino literatura en su mejor sentido.

El autor, André Carneiro, a quien conocí personalmente en 1969 en el II Festival Internacional del Film en Río de Janeiro (siempre recordaré su amabilidad con los autores norteamericanos de ciencia ficción), merece la misma audiencia que un Frank Kafka o un Albert Camus. ¿Cuan grande puede ser literariamente la ciencia ficción? Lean La oscuridad y lo descubrirán.

Tras leer atentamente Caza de conejos durante un cierto tiempo, maravillándome de la inventiva
del autor —pero esperando llegar de un momento a otro a un rápido final—, me pregunté de pronto: ¿cuánto falta todavía? Sorprendido e incrédulo, descubrí que apenas había empezado. Faltaba aún un buen montón de páginas. El autor es calificado en su país como «maestro de la fantasía». Realmente, se necesita poseer un tipo muy especial de genio cómico para escribir algo como Caza de conejos, y tener una mente muy osada para utilizar una forma de escribir tan distinta de lo que los lectores están acostumbrados.
Puesto que su autor afirma que ha sido incapaz de ganarse la vida con sus escritos, podemos especular que habrá perseverado en ser igualmente innovador en sus demás historias, sin preocuparse de las consecuencias.

En La muerte del poeta se nos da un atisbo del computarizado futuro de las obras de los escritores y poetas y, presumiblemente, de la ficción en general. Uno puede ver la justicia de las consecuencias: se acabó el escribir las mismas frases, o historias, o imaginaciones por segunda vez. Lo más importante de la historia es la originalidad y las implicaciones de algo en lo que probablemente no hayamos pensado nunca hasta que a Vanasco se le ocurrió plantearlo.
Si alguien se ha preguntado qué tipo de creatividad se está desarrollando en la Cuba de Castro, El
cosmonauta intenta sin duda decírnoslo. Puesto que la historia es corta, y está enérgicamente escrita, el mensaje parece ser: es peligroso para los alienígenas de Norteamérica desembarcar en las playas de Cuba; el pueblo cubano tiene buenas intenciones, pero está hambriento; y comerá cualquier cosa.

En la breve presentación de la autora de Los embriones del violeta, el seleccionador Bernard
Goorden la compara con uno de los grandes de Sudamérica. Sin embargo, una vez leída su inusual historia, me descubrí pensando en un genio norteamericano llamado Donald Barthelme. El estilo y los giros de las frases reflejan las mismas sorprendentes inclinaciones mentales y el mismo brillante uso del lenguaje, caracterizando una historia realmente original contada con habilidad.

O'Henry debe de haberse agitado miles de veces en su tumba, gruñendo ante los innumerables
finales sorpresa de segunda categoría que se escriben y que se supone sorprenderán al lector con su inesperado giro. Sin embargo, el autor de Persistencia probablemente habrá merecido un
asentimiento —y no un gruñido— del Maestro. El final de su realmente corta historia me sorprendió de la mejor manera posible.
Gu ta gutarrak es, para mí, la historia más interesante de toda la antología. Como la mayoría de los norteamericanos, tengo una conciencia extraordinariamente remota del pueblo vasco. Sin embargo, puesto que siempre he sentido interés hacia los temas en cierto modo esotéricos, probablemente sé algo más que la mayoría de la gente. Soy consciente, por ejemplo, de que la lengua vasca es única, y no tiene parentesco con ninguna otra lengua europea. La docena de frases —aproximadamente— en vasco que figuran en esta historia recuerdan de forma fascinante el siglo diecinueve, cuando los escritores ingleses conocían idiomas extranjeros y salpicaban ese conocimiento a todo lo largo de sus ficciones. Yo he estado haciendo lo mismo recientemente en mis propias historias, debido a que siempre he admirado a esos escritores antiguos.

Por otra parte, la visión de la personalidad vasca que la autora nos presenta es el primer estudio caracterológico que he visto relativo a un pueblo que evidentemente es tan único como su lenguaje. El especial humor que lo salpica nos proporciona una visión diferente de un pueblo que la mayoría de la gente conoce sobre todo por la tendencia de sus facciones nacionalistas a atentar contra personalidades políticas y militares del gobierno español, el cual intenta oponerse al derecho natural de cada vasco de elegir su propio gobierno. La autora, una argentina de amplia cultura, parece saber muy bien de qué habla. La suya es sin lugar a dudas una gran historia.

Hugo Correa ha escrito la que constituye probablemente la más emotiva historia de esta
recopilación: Alguien mora en el viento. La forma de vida alienígena de esta historia, aunque no es vista en ningún momento, posee un impresionante poder, y opera a través de un trascendental sistema moral de castigos y premios. Los primeros son rápidos y mortales. Los segundos también son rápidos, pero su resultado final es una casi divina paz mental. El efecto final es cálidamente emotivo. Mi coantologista parece dar a entender que este escritor fue influenciado por Ray Bradbury en sus primeros tiempos. Lo cual, por supuesto, es de alabar.

Plenipotencia obtiene precisamente toda su potencia de la forma en que es presentado. Pequeños y vividos detalles conducen hasta un momento clave en el que el lector debe efectuar una serie de contribuciones mentales a la historia, la cual posee muchos elementos de la ciencia ficción
norteamericana de los años treinta. Tiene al mismo tiempo la fuerza y la debilidad de un evento
colosal.

Por primera vez, se me ocurrió pensar que Dios debe de llevar una vida muy aburrida.

Si Franz Kafka, Albert Camus, Thomas Mann o W. Somerset Maugham hubieran escrito alguna vez ciencia ficción, éstas habrían sido indudablemente las historias que habrían creado.
A. E. VAN VOGT


Índice
Prólogo - Nuevo Mundo, mundos nuevos
Primera necesidad por Carlos María Federici
El cambio por Mane Langer
LA OSCURIDAD por André Carneiro
Un aroma de flores lascivas por Eduardo Goligorsky
Caza de conejos por Mario Levrero
La muerte del poeta por Alberto Vanasco
El cosmonauta por Ángel Arango
Futuro por Luis Britto García
Los embriones del violeta por Angélica Gorodischer
Persistencia por José B. Adolph
GU TA GUTARRAK por Magdalena Moujan Otaño
Alguien mora en el viento por Hugo Correa
Plenipotencia por Emilio Rodrigué
Bibliografía


Lo mejor de la CF latinoamericana - Bernard Goorden, Alfred E. Van Vogt [ Download ]

segunda-feira, 15 de junho de 2009

Cuentos Argentinos de Ciencia Ficción


ÍNDICE
La civilización perdida, Juan Jacobo Bajarlía.
Los afanes, Adolfo Bioy Casares.
Las abejas de bronce, Marco Denevi.
Aclimatación, Eduardo Goligorsky.
Mensaje a la Tierra, Alfredo Julio Grassi.
La esfera, Narciso Ibáñez Serrador.
Marketing, Pedro Orgambide.
El segundo viaje, Carlos Peralta.
La tercera fundación de la ciudad de Buenos Aires, Emilio Rodrigué.
La meta es el camino, Dalmiro Sáenz.
Paranoia, Alberto Vanasco.
En el primer día del mes del año, Alejandro Vignatti.


Cuentos Argentinos de Ciencia Ficción [ Download ]

domingo, 14 de junho de 2009

Sergio Gaut Vel Hartman


Sergio Gaut vel Hartman (1947 - ) nasceu em Buenos Aires, Argentina. Filho de pais judeus imigrantes da Polônia e Rússia, desde pequeno foi um apaixonado pela leitura de livros de FC.
Seu primeiro conto foi publicado em 1970.

Em 1982 começou a trabalhar na Pêndulo, uma das publicações mais prestigiadas da Ficção Científica Argentina.

Gaut foi um dos fundadores do Círculo Argentino de la Ciencia Ficción y Fantasia, lançou uma das revistas mais populares na Argentina dedicadas a FC, a Sinergia (1983) e foi também editor da Parsec (1984). Em 2004 recebeu o prêmio Phobos de FC.

A ficção de Gaut se caracteriza principalmente por explorar a coexistência de realidades paralelas, ou dimensões paralelas. Em sua obra, o autor especula sobre a degradação entrópica cotidiana, e a capacidade do ser humano de se adaptar à qualquer circunstância atípica.

Sua narrativa é planejadamente labirintica, de exploração metafísica.

Em seu conto 'Cuerpos a la deriva' ele explora esta realidade paralela, através da clonagem, da criação de corpos descartáveis. Neste conto, corpos são mercadorias no sentido mais usual, sendo
trocados, vendidos e comprados.

A obra de Gaut oferece ao leitor a rejeição de conceitos conhecidos, como o 'Eu', transcendendo limites, questionando a própria existência. Seu texto é subversivo, no sentido que sabota a estabilidade cultural daquilo que chamamos realidade.

Sua ficção científica apresenta o indefinido ou indefinível, para criar uma reação contra o 'real', transportando o leitor para um lugar onde tudo é possível, até o real.

fonte:Latin American Science Fiction writers

Sergio Gaut Vel Hartman (Cuerpos Descartables, Fotogramas, Guia Pratica para entrar em contacto con culturas pretecnológicas, Islas, Naufrago de si mesmo, Videomania ) [ Download ]

FC Argentina

Sergio Gaut na Axxon

Blog Quimicamente Impuro

Blog Sinergia

sábado, 13 de junho de 2009

Coin Locker Babies - Ryu Murakami


‘Chuva.O homem da meteorologia disse ontem que a temporada de chuvas tinha acabado, mas ainda está tão úmido que não dá para ficar de janela fechada sem embaçá-las. Minha avó dizia que só havia duas coisas na vida em que você podia acreditar: O homem do tempo da NHK e o dicionário Inglês-Japonês Sanseido. Isso e aquelas placas nas jaulas do Zôo de Ueno... e talvez os árbitros de beisebol do colégio. Minha avó se formou na universidade nos anos 20, quando quase ninguém de onde eu vim ia para a escola... Merda! Olha o imbecil que tentou me cortar... ela era uma garota esperta... malditos vidros embaçados... ih, caramba, me desculpe madame pelos meus modos, mas que faculdade você freqüentou? Aposto que foi de música...’

Anemone o ignorou e o homem continuou falando e xingando os outros motoristas.

Ela tinha feito sinal para o táxi na frente do atacado de carnes, onde todas aquelas enormes peças congeladas de carne eram carregadas para dentro dos caminhões.
Foi azar, ela descobriu ao entrar no interior do taxi, que o motorista era um pouco amigável demais.

‘Sabe como eu sei reconhecer estudantes de música? O jeito deles denuncia: os de ombros fortes são pianistas, pescoços finos são cantores, violinistas tem calosidades no queixo e os celistas tem pernas em arco. Sou bom, não sou? Pode apostar que não sou um motorista qualquer. Sempre tive o dom para perceber coisas, e meus amigos dizem que é uma vergonha eu perder meu tempo neste trabalho.Eles dizem que eu podia ser um escritor ou capitão de barco. Capitão de barco... isso é que é trabalho. Tem que ser bom para controlar sua tripulação ou pode ter problemas... tem que ser bom... Senhorita? Senhorita ? Tá dormindo?’

Pessoas conversam o tempo todo, Anemone pensou. Eles chegam e começam a falar com você no trem, na fila, no cinema, na lanchonete ou no supermercado, e se você responder, ai é que está perdido, não param mais de falar. Imbecis sorridentes, se oferecem para carregar suas malas ou pagar um copo de café, e então vocês se tornam imediatamente ‘melhores amigos’. Parecem perigosos, todos estes faladores patológicos. Anemone tinha lido sobre um caso de um homem que tentou escapar de um e foi esfaqueado nas costas.

‘Cansaço né? Deixa você maluco… droga de garoa. É ruim para os limpadores e pior para os motoristas. Mal dá para enxergar… a gente fica cego, né? É, cego... você é bem calada madame. Para onde quer ir mesmo? Você é tão calada que eu acabei esquecendo totalmente… não é brincadeira não, não lembro mesmo. Vamos lá madame, me dá uma chance.’ pediu olhando para trás, para Anemone. Ele secou as palmas das mãos nas calças e ela abriu a janela um pouco, apenas para entrar ar.

Um cheiro quente de concreto úmido flutuou pelo carro, o cheiro da noite.

‘É sério, precisa me falar... pra onde vamos? Eu não consigo me lembrar.’

O motorista parou o carro bem no meio da pista e ligou o alerta. Buzinas foram ouvidas no trânsito atrás.

‘Daikanyama’ murmurou Anemone. O rosto do homem relaxou.

‘Certo! Daikanyama então, Avenida Yamate. Só fugiu da minha cabeça por um minuto... senhorita, me desculpe por falar, mas você não é como a maioria das moças. Neste tipo de trabalho eu aprendo muito sobre as pessoas. Devo pegar umas cinqüenta todo dia - estou lhe dizendo, você é um pouquinho diferente, no bom sentido é claro. Por exemplo, se pego uma jovem senhora, ela ao menos conversa um pouquinho, diz olá, estas coisas... acho que o que eu quero dizer é que uma jovem comum tem educação; como quando eu disse para você, alguns minutos atrás, que estava chovendo, lembro que o odômetro marcava 70.092 quilômetros e o taxímetro 1.780 ienes... bem, uma garota normalmente diria algo como ‘Sim, certamente’ ou ‘a temporada de chuvas já deveria ter acabado’ ou algo assim. Pessoas sempre falam do tempo para começar uma conversa, são boas maneiras. Sabe, sou um cara fácil de lidar em geral. Tenho lá minhas broncas,mas tenho a mente bem aberta... mas eu preciso dizer que você é a porra da madame mais calada que já encontrei. Merda, este trânsito! Devagar pra caramba e ainda por cima chove. E um passageiro mal humorado e quieto. Isso é o que eu ganho por ser um sujeito legal.’

O táxi mal se movia e à frente o borrão vermelho das luzes do freio pintava o pavimento. Sem mais nada o que fazer, o motorista estudava o perfil de Anemone pelo retrovisor, enquanto as luzes dos carros seu rosto pálido, com sombras manchando olhos e bochechas. Alí a estrada começava a descer para uma parte de Tóquio popularmente chamada de Toxitown (cidade tóxica), uma área contaminada, bem no centro da cidade. Há uns cinco anos atrás, pássaros e pequenos animais começaram a morrer nas vizinhanças. Testes revelaram um nível anormal de cloro no solo, o bastante para causar erupções na pele quando exposta ou danos ao fígado e aos nervos. Mulheres grávidas foram alertadas sobre o risco de aborto ou defeitos congênitos. Mas isso foi só; nenhuma explicação foi dada, de como o cloro chegou ao solo, contudo ocorreram várias especulações. Já que não havia uma fábrica na área, alguns disseram ter sido vazamento de algum caminhão. Houve uma conversa sobre derramamento, práticas ilegais de empresas de construção, ou até mesmo alguma reação química natural e peculiar, disparada pelas altas temperaturas do solo. De qualquer modo, qualquer que fosse a causa, não podia ser resolvida pelos meios habituais; não era solúvel em água e era imune ao calor, e mesmo os microorganismos desenvolvidos especialmente para se alimentar de dejetos eram inúteis. Ao final o Departamento de Saúde Pública obteve subsídios para realocar os habitantes e toda daquela área foi isolada. O chão foi coberto de cimento, o perímetro cercado por arame farpado e guaritas de segurança.

Havia duas teorias que explicavam o nome Toxitown, uma era simplesmente pelo perigo à saúde, a outra porque a área isolada tinha se tornado um reduto do crime, particularmente do trafico de tóxicos. Os criminosos entravam e saiam de Toxitown, apesar dos guardas que patrulhavam o local.Os guardas carregavam lança-chamas para prevenir que qualquer coisa entrasse, principalmente vândalos tentando roubar alguma coisa. Já que as casas abandonadas permaneciam com seus pertences dentro, as autoridades temiam que a área fosse uma tentação para os desabrigados e invasores de propriedades, e anunciaram que os guardas tinham ordens para incinerar não apenas aquilo que estivesse contaminado, mas qualquer um que estivesse de posse de objetos contaminados. O alerta não teve muito efeito no tráfego que entrava e saia de Toxitown, já que o interesse das pessoas pelo novo território era precisamente por ser um lugar em Tóquio onde a policia não possuía jurisdição. E uma vez que a área foi colonizada por gangsteres e gigolôs, outros tipos passaram a freqüentar também, como vagabundos e andarilhos, pessoas mentalmente debilitadas, putas baratas, prostitutos, procurados pela justiça, degenerados e desajustados, que estabeleceram residência em Toxitown, e desta forma um tipo estranho de sociedade começou a formar-se.

Ao fim, até a polícia aparentemente preferia olhar para o outro lado, agradecendo pelo inesperado resultado de tantos marginais em um só lugar: a taxa de criminalidade, particularmente crimes sexuais, caiu tremendamente em outras partes da cidade. Todos de fato, não oficialmente é claro, estavam satisfeitos com a situação, exceto por um pequeno detalhe: a área delimitada por arame farpado ficava adjacente e na sombra dos novos super arranha-céus de West Shinjuku, como se a coroa na linha do horizonte da cidade estivesse colocada sobre o esgoto.

‘É bom senso’ o motorista estava dizendo. ‘Use o seu bom senso, é o que sempre digo. Este pessoal todo que não tem bom senso, você pode levá-los para onde quiser e dar um jeito. Olhe para este engarrafamento por exemplo: é claro que se todos em Tóquio quiserem ir para o mesmo lugar ao mesmo tempo, bem, vai terminar nisso. O que precisamos é que alguém apareça com alternativas, alguma coisa criativa. Deve haver muitos outros meios de se fazer isso, carros voadores ou estradas subterrâneas, ou outra coisa qualquer... e essa maldita chuva que não ajuda também... Perai! Porra, espere ai! Ei … senhoria, é você não é? Sim, sim, é claro que é! Você é aquela do comercial de televisão, aquela que o xampu cai nos olhos, que ficam vermelhos e você vira um coelho. Que merda! Como é que não vi isso antes! Uma modelo!’

A chuva começara a cair mais forte quando Toxitown surgiu à esquerda. Uma luz pálida banhava as guaritas e os carros blindados, iluminando uma placa onde se lia:

‘ÁREA TÓXICA, MANTENHA-SE AFASTADO.’

O cenário brilhava como se grandes tiras de luz dos arranha-céus tivessem se destacado e iluminado a fortaleza de arame farpado. O motorista, que tinha se dado conta de possuir uma celebridade a bordo de seu carro, tornou-se ainda mais falante:

‘Sabe quem você me lembra? Aquelas atrizes de antigamente de Hollywood, naquelas cenas debaixo d’água, onde piscavam para a câmera. Você tem os mesmos belos e enormes olhos…’ E então ‘Caramba! Que dia é hoje? Sexta! Eu devia saber! Semana passada uma vidente leu minha sorte e disse que sexta eu encontraria uma pessoa que mudaria minha vida, alguém que mudaria meu futuro! É você! Hoje! E com certeza você tem cara de quem pode mudar a sorte de um cara. Que rosto! E que olhos! Como os olhos daquela boneca de plástico que minha irmã pequena brincava, que podia beber leite de verdade. Você tem arco-íris em suas pálpebras, você sabe? É bonita mesmo, todas aquelas cores nos seus olhos... uh, desculpe se estou falando loucuras, mas você tem um rosto que faz um cara ficar maluco... mas todo mundo deve dizer isso pra você.’

Em algum lugar atrás deles uma buzina soou por longo tempo como se disparasse, e muitos motoristas estavam tentando ver o que acontecera. Alguém gritava: ‘Quieto seu babaca’, e que ecoou através da chuva. Então outras buzinas se juntaram e motores aceleraram.

Dentro do táxi a excitação do motorista tinha embaçado todas as janelas, enquanto que algumas pessoas ao longo da estrada, perturbadas pelo barulho - ou apenas aborrecidas - começaram a jogar pedras nos carros. Quando uma delas ricocheteou no teto do táxi, Anemone começou a sentir-se desconfortável.

A superfície lisa da estrada refletia as luzes da cidade em seu rosto. O motorista baixou o vidro e gritou ‘Fiquem quietos, porra’ onze vezes seguidas, pelas contas de Anemone.

‘Que merda, que grande porcaria’ ele murmurou balançando a cabeça. ‘Ouça moça, o trânsito está louco e vai acabar me matando se eu não sair daqui. É isso! Que tal se sairmos juntos? O que me diz? A companhia tem um pequeno bangalô na praia, lá pra leste de Chiba: podíamos ir até lá juntos. Assim fugiríamos desse trânsito. Que tal? Exceto que… custa dinheiro dar uma escapulida, especialmente com uma garota como você. Aposto que nunca saiu com um cara sem grana. Não deve ter nada a não ser cerveja nesta casa de praia, e uma garota como você deve beber apenas vinhos finos. E provavelmente a roupa de cama deve ser vagabunda; e precisaremos de lençóis novos. É isso, tem que ter dinheiro pra essas coisas... Espera ai! Estamos na Avenida Yamate? Espere um maldito minuto! Conheço um cara que faz apostas e que tem um escritório logo ali. Tem me enrolado há anos, mas eu dou um jeito nele e conserto a situação. Se não se importar em ficar sentada aqui um pouquinho! Vou lá e pego algum dinheiro, e enquanto estiver por lá... há! Não vou me importar de enfiar uma faca naquele porco! Não demoro nem um minuto’ e saiu.

O motorista tinha parado o carro em uma das pistas; Anemone que mal ouvira o que ele tinha dito, pensou que ele tinha ido comprar cigarros ou algo assim. Ela começava a se preocupar com seu embrulho de carne de cavalo e cabeças de galinha, que iria estragar se não colocasse logo na geladeira; e ignorou os insultos gritados pelos outros motoristas dos carros que precisavam se desviar do táxi que bloqueava a pista. Como o motorista não voltou em cinco minutos, Anemone ficou furiosa. Esfregando um círculo na janela embaçada, achou o soldado armado, bem ao lado do carro. O jovem vestia uma capa transparente plástica e seus pés se moviam no ritmo da música que chegava aos seus ouvidos por um pequeno fone de ouvidos.

‘Descuuuuulpa!’ disse o motorista deslizando para dentro.

Anemone olhou para ele e tentou gritar, mas nada saiu de sua boca.
Seu rosto e sua camisa estavam cobertas de sangue.

‘Que decepção! Que sujeito mais mole! Bem, ao menos consegui a grana. Vamos nós!’ A voz do motorista tremia um pouco, mas sua habilidade era incontestável. Subiu no meio fio com o carro e fez a volta, seguindo na direção contrária.

Anemone não sabia o que fazer: sabia que devia gritar, mas não conseguia. Um arrepio tomara todo seu corpo e sua cabeça estava quente. Agora mesmo era que a carne iria estragar, pensou. Começava a ficar com raiva de verdade.

Enquanto isso a sorte do motorista chegou ao fim e o táxi bateu, pior, amassou o outro carro. O homem do outro carro saiu e veio até a janela do táxi, pressionando seu rosto contra o vidro e gritando ‘abra’, mas o motorista estava acovardado demais para fazer qualquer coisa.

Sem ter resposta, o outro motorista começou a chutar a porta, ajudado por outro homem que arrebentou o pára-brisa com um taco de beisebol de alumínio.

Anemone atirou-se ao chão enquanto que o motorista, recobrando-se um pouco, empurrou a marcha à ré e subiu pela calçada. Achou um lugar onde um dos postes que deveria manter a cerca de arame farpado tinha tombado, e apertando o acelerador, foi de encontro à cerca, abrindo um buraco nela; e então o motor morreu.

Neste instante um holofote entrou em ação e um facho de luz potente caiu sobre o carro.
Uma sirene disparou e o soldado com fones de ouvido pulou de seu posto e veio correndo com a arma apontada.

Assim que outros dois guardas em uniformes brancos saíram do carro blindado, o motorista conseguiu fazer o motor pegar e engatou uma marcha. Os guardas como advertência, mostraram seus lança-chamas, mas antes que pudessem abrir fogo, o táxi atravessou a cerca e desapareceu em Toxitown.


Trecho de "Coin Lockers Babies"(1997) de Ryu Murakami.

sexta-feira, 12 de junho de 2009

100 Must-read Science Fiction Novels


If you’re looking for a reliable guide to what science fiction is, you have come to the right place.

This is a book that contains a list of the one hundred irreplaceable books from the science fiction genre.

But it is also rather more than just a list, because not only is each book lucidly introduced, summarized and placed in its general context, there are many ‘read on’ suggestions.

These will take the interested reader down a number of sidetracks to distant literary places, some of which will come as a surprise to many people.

The net that contains SF is a big one and fantastic literature can be cast over a wide area. Not everything is obvious. Beyond even the recommendations, there is an argument that runs throughout the book. It gently explains, defines, promotes, defends science fiction, always with a civilized enthusiasm and from a position of authority.

When I discovered the genre long ago, late in my teens, there were far fewer SF books to read than there are now. In fact it felt (perhaps falsely) that with a little dedication it would be possible to sit down and read everything that had ever been published. I never attempted the feat, although when I encountered some of the more serious science fiction fans I did wonder if they were trying it.

In the early to middle 1960s, most of the science fiction that then existed had been written for magazines. SF was predominantly a shortstory form, and novels were comparatively rare.
The few there were had almost all first appeared as serials, which is how many of the older novels on the main list in this book were published.

To return to the story of my own brief contact with reading science fiction, I devoured the books avidly for a few years, but by the time I was in my mid-twenties my tastes had become more complex and not long after that I stopped reading science fiction almost completely. (Almost completely, because for several years I was a publisher’s professional reader, and throughout my career I have occasionally reviewed new books.) It always feels to me as if I gave up before I had seriously tackled the subject.

I was surprised to discover, therefore, when I read this long list compiled by Messrs Andrews and Rennison, that I had read almost half of the books here.

Naturally, they tend to be the older ones, but not entirely.

Do I agree with the choices on the main list? Yes and no. I would like to have seen J.G. Ballard’s stories given prominence over his novels. He is still an under-rated writer, and that is because people judge him by his novels: on his scale, the B-list.

There ought to be a Richard Cowper book here: The Twilight of Briareus or The Road to Corlay, or his stories. The same from Robert Sheckley, who was one of the finest 20th century short story writers, but whose novels weren’t as good. I would have chosen John Wyndham’s The Day of the Triffids or The Kraken Wakes over The Midwich Cuckoos.

Aldiss’s Greybeard rather than Hothouse. Dick’s The Man in the High Castle.
What would I have left out? The Asimovs and the Heinleins, certainly, since in completely different ways they did much to distract everyone from the idea that science fiction should be written well.
(This is a personal view – the consensus of the SF world is against me.)

The novels by ‘Doc’ Smith, JackWilliamson and Raymond F. Jones are period pieces, and belong in a museum. Including two novels by Alfred Bester is including one too many, but The Stars my Destination is probably central to the entire SF argument. And H.G. Wells’s The Island of Doctor Moreau is famous, while not being one of his best books.

On the whole, though, I go along with the selections here. I have long argued that science fiction is not something that should be judged as a unitary form. Any generalized argument in favour of SF, no matter how well or strenuously mounted, can be instantly undermined by pointing at one of the genre’s many, many embarrassments.

(The opposite is also true, but not as subversively enjoyable to do.)

Much better to think of SF as a place where adventurous or original writers can take advantage of certain blessings practically unique in literature: an articulate, faithful and intelligent readership, an active professional market for short stories, a consistent commercial niche within publishing and bookselling, a body of literary criticism that is both knowledgeable about the literature and expectant of high quality.

This is the sort of literary environment where writers can practise, where they can develop their individual voices and be heard, encouraged and soon relished.
That is the best way to read and understand this book: as an introduction not to a genre that might or might not be to everyone’s taste, but as a recommendation of the works of authors who are not known to many people outside the genre.

There are many surprises here, in that sense. Nearly one hundred of them, in fact.
Christopher Priest

CONTENTS
FOREWORD
ABOUT THIS BOOK
INTRODUCTION
A–Z OF ENTRIES
SCIENCE FICTION AWARDS
A BRIEF GLOSSARY OF SF TERMS
INDEX


100 Must-read Science Fiction Novels - Stephen E. Andrews and Nick Rennison [ Download ]

quinta-feira, 11 de junho de 2009

Catálogo de Obras Brasileiras de Ficção Científica, Fantasia e Terror


Este site tem por objetivo catalogar as obras de ficção científica, fantasia e terror de autores brasileiros e que já tenha sido publicadas.

Caso você conheça várias obras publicadas, é responsável por uma editora que publica os gêneros citados, ou é autor de algum destes gêneros e quiser participar como editor neste site, envie um e-mail de solicitação para scifi@dragaodepapel.info

Ou, se você connhece alguma obra, envie os dados da mesma para o e-mail acima. Vale até link, pois iremos atrás das informações.

Ajude a literatura fantástica brasileira a crescer, divulgue os livros!

Estaremos divulgando também eventos ligados a lançamentos de livros e filmes, bem como reuniões de fã-clubes. Basta para isso enviar os detalhes para nós.

Links de blogs sobre ficção científica, fantasia e terror, sites de fã-clubes ou de autores nacionais também serão bem-vindos.

* Todo o material enviado será analisado antes de sua publicação.

Biblioteca Fantástica - Catálogo de Obras Brasileiras de Ficção Científica, Fantasia e Terror

(Nenhum vínculo com a Biblioteca Fantástica, segmento do Capacitor Fantástico, que desde 2008, traz aos domingos o perfil de escritores e também algumas de suas obras.)

OMNI Book Of Science Fiction


By now, OMNI doesn’t have to prove itself to anybody.

But when OMNI was the new kid on the block in 1978, the established science fiction magazines scoffed—who was Bob Guccione to come out of nowhere and dare to start a science magazine with fiction? What did he know of science fiction?

Well, he had the acumen to hire Ben Bova, award-winning editor of Analog as OMNI’s first fiction editor. Bova immediately made his mark on the magazine, initiating a policy of publishing original, exciting and thought-provoking fiction.

This tradition continues six years later. OMNI’s science fiction has influenced the field since the first issue hit the stands October 1978. In this anthology, almost half the stories are award finalists and/or were chosen for “Best of the Year” anthologies.

The humor story poses great difficulty for a science fiction editor in that it is hard to find. Possibly because humor is so hard to write well and because what one finds humorous is so subjective. Or maybe it’s because the future just doesn’t seem funny any more. In any case, OMNI has published its share of humorous stories and several of these are reprinted here. A few will provide belly laughs, some have a nasty little edge, and most are concerned, under the chuckles, with deadly serious themes.


Contents
THE WAY OF CROSS AND DRAGON - George R.R. Martin
THE THOUSAND CUTS - Ian Watson
SERPENT'S TEETH - Spider Robinson
BOUNDARY ECHOES - John M. Ford
WITH THE ORIGINAL CAST - Nancy Kress
OUR LADY OF THE SAUROPODS - Robert Silverberg
GOING UNDER - Jack Dann
SIGMUND IN SPACE - Barry N. Malzberg
THE INVITATION - Paul J. Nahin
UNACCOMPANIED SONATA - Orson Scott Card
THE MICKEY MOUSE OLYMPICS - Tom Sullivan
I AM LARGE, I CONTAIN MULTITUDES - Melisa Michaels
THE LURKING DUCK - Scott Baker
HINTERLANDS - William Gibson
SISTER ANGEL - Kate Wilhelm
PROCREATION - Gene Wolfe
EASY POINTS - Kathleen V. Westfall
WHEN AULD'S ACQUAINTANCE IS FORGOT - Harlan Ellison
THE ANCIENT MIND AT WORK - Suzy McKee Charnas


The Fourth OMNI Book Of Science Fiction por Ellen Datlow [ Download ]






As a result of the enormous popularity of the first four OMNI BOOKS OF SCIENCE FICTION, there will be many more volumes.

This is quite heartening news. I happen to love the short story form, and I think that it's crucial for publishers and editors to support this literary genre.

Most science fiction writers begin their careers writing short stories—simply for the reason that they are short, and therefore less of an investment in time than a novel. Writing stories is excellent training. And because of their length, established writers can continue to experiment with style or structure. To realize you've failed in intent after thirty pages is a lot less devastating than after several hundred pages.

Short story editors have more of a leeway than book editors in buying and publishing something unconventional or difficult.
Magazine editors, like myself, are putting together a package, and each story we buy does not make or break our magazine (or anthology).
On the other hand, book editors have less literary license. Each and every book must be viewed as a money-maker or loser.

The market for science fiction stories whether in magazines or anthologies, has always been better than for mainstream short stories. A long tradition has developed which continues to this day.

Like most editors, I have certain writers whom I publish regularly—people I affectionately refer to as my stable. These are the writers whom I can consistently count on for the kind of story I want in OMNI.
Some of those writers are included in this book. Robert Silverberg, the consummate professional, is one of the few established novelists I know who still writes several short stories a year (more than I can publish).

But OMNI does not only publish grand masters like Silverberg. William Gibson is one of the most promising young writers in science fiction today, and OMNI took a strong interest in helping him develop his talent. His first novel, NEURO-MANCER, won the Nebula and Hugo Awards. Now, Gibson is being wooed away by book publishers, so that I have to charm, cajole, threaten and just plain drive him crazy in order to keep him writing short fiction for OMNI. Howard Waldrop is another young writer.

He is at his best with short fiction, and writes wonderful quirky little stories like the one included here. Marc Laidlaw was a very persistent teenager from whom I finally bought "400 Boys" after several complete overhauls. It was the first story I bought from him, and judging from his other stories of the past few years, his versatility is startling. Gregg Keizer's first story was published in OMNI in 1982, and I’ve bought three more since then. The last piece in the book, "Lunatic Bridge," is a novelette by Pat Cadigan, who is another regular OMNI contributor. It has never been published before.

The only thing these fourteen stories have in common is that they are all quite powerful in very different ways. I believe they prove how important the science fiction story continues to be, not only within the genre, but to literature.
Ellen Datlow


Contents
Multiples - Robert Silverberg
Man-Mountain Gentian - Howard Waldrop
Returning - Homelan Watson
Triceratops - Kono Tensei
New Rose Hotel - William Gibson
Adagio - Barry B. Longyear
Track of a Legend - Cynthia Felice
Prime Time - Norman Spinrad
Edges - Gregg Keizer
The Songbirds of Pain - Garry Kilworth
The Changed Man and the King of Words - Orson Scott Card
400 Boys - Marc Laidlaw
Seventh Sense - Robert Haisty
Lunatic Bridge - Pat Cadigan


The Fifth Omni Book of Science Fiction por Ellen Datlow [ Download ]

quarta-feira, 10 de junho de 2009

Nebula Awards Showcase 2008


I’ ve had a love affair with science fiction since I first learned to read. In fact, one of my incentives for learning to read was Action Comics, featuring Superman.

I can still see that dazzling illustration showing a rocket ship fleeing from the exploding planet Krypton. Talk about “sense of wonder”! It knocked me on my five-year-old butt. And started a lifelong fascination with astronomy, rocketry, and (of course) science fiction.

That one image taught me an important lesson: The universe changes, sometimes abruptly, dramatically, catastrophically. And the literature of change is the aforementioned genre of science fiction.

It was a ghetto literature then. Respectable people disdained science fiction, branding it as trashy pulp fiction, not worthy of serious consideration.

But I loved it. From swashbuckling John Carter on Edgar Rice Burroughs’s Barsoom to Isaac Asimov’s “The Ugly Little Boy,” I saw much more in science fiction than in most of the contemporary literature being published then. I devoured the pages of Astounding Science Fiction and, later, Galaxy and The Magazine of Fantasy and Science Fiction.

Yet even by the time I began working on the first American artificial satellite program, Vanguard, I found that even professional rocket engineers still hid their copies of Astounding Science Fiction magazine in the bottom drawer of their desks.
Then came SFWA. Originally called Science Fiction Writers of America, the organization broadened its scope eventually to become Science Fiction and Fantasy Writers of America (although it officially retained the acronym SFWA), in recognition of the true breadth of the field.
SFWA began in the fertile mind of Damon Knight. He and his wife, Kate Wilhelm, hosted the annual Milford Science Fiction Writers Conference in their Pennsylvania home each summer. One year, Damon proposed that we create a professional organization, by, of, and for the writers in our field.

The rest, as they say, is history. It may be coincidence, but as SFWA began to establish the professional integrity of science fiction and fantasy, universities began taking the field seriously and teaching courses in it. And book publishers started to realize that science fiction and fantasy appeals to a very wide audience, thanks in no small measure to publishers and editors such as Ian Ballantine and Judy-Lynn del Rey.

It didn’t hurt, of course, that TV’s Star Trek and Hollywood blockbusters such as 2001: A Space Odyssey and Star Wars opened the eyes of hundreds of millions of viewers to the same “sense of wonder” that smacked me when I first saw the planet Krypton explode.

Today science fiction and fantasy have infiltrated (conquered, I’m tempted to say) just about every facet of popular culture, from romance novels to Broadway musicals, from television series to university studies of “alternate futures.” Science fiction and fantasy have matured. And so has SFWA. The organization is thriving, and has been a strong advocate for writers in their never-ending struggles with publishers and producers who would like to take the fruit of a writer’s genius and labor without paying fairly for it. Since 1966 the members of SFWA have given Nebula Awards to the stories and screenplays they consider the best of the year. This is the most coveted award in the field, bestowed on writers by their fellow writers.

Each year the Nebula Award winners are showcased in an anthology. You hold in your hands the Nebula Showcase 2008, which features the award winners of 2006. Within the covers of this book you can see what SFWA’s members considered the best work of that year: the award winners in each category, the Grand Masters and Authors Emeriti, plus a trio of essays discussing the past, present, and future of the science fiction and fantasy field.

You will see the Rhysling Award–winning poems, essays on the Best Script Nebula and the André Norton Award for young adult fiction, as well as a broad variety of story types, themes, and treatments.

Which is only natural, since the field of science fiction and fantasy encompasses all of time, all of space, all of the universe within the human soul—and then some.

Have an exciting journey!

Ben Bova.

CONTENTS
INTRODUCTION
by Ben Bova
ABOUT THE SCIENCE FICTION AND FANTASY WRITERS OF AMERICA
NEBULA AWARD, BEST SHORT STORY, “ECHO,”
by Elizabeth Hand
NEBULA AWARD, BEST NOVELLA, “BURN,”
by James Patrick Kelly
ALL OUR YESTERDAYS…” ANTHOPOLOGY 101: THE BOOKS THAT SAVED SFWA”
by Bud Webster
NEBULA AWARD, BEST NOVELETTE, “TWO HEARTS,”
by Peter S. Beagle
POETRY: THE RHYSLING AWARD WINNERS, “SCIENCE FICTION POETRY,”
by Joe Haldeman
RHYSLING SHORT POEM WINNER, “THE STRIP SEARCH,”
by Mike Allen
RHYSLING LONG POEM WINNER, “THE TIN MEN,”
by Kendall Evans and David C. Kopaska-Merkel
RHYSLING DWARF STARS AWARD, “KNOWLEDGE OF,”
by Ruth Berman
QUO VADIS? “THE STATE OF AMAZING, ASTOUNDING, FANTASTIC FICTION IN THE
TWENTY-FIRST CENTURY,”
by Orson Scott Card
NEBULA AWARD NOMINEE, SHORT STORY, “THE WOMAN IN SCHRÖDINGER’S WAVE
EQUATIONS,”
by Eugene Mirabelli
GRAND MASTER AWARD, “JAMES GUNN, GRAND MASTER,”
by John Kessel
“THE LISTENERS,”
by James Gunn
NEBULA AWARD, BEST SCRIPT, HOWL’S MOVING CASTLE, “BOOK TO FILM,”
by Diana Wynne Jones
NEBULA AWARD, BEST NOVEL, SEEKER,
by Jack McDevitt (excerpt)
TOMORROW AND TOMORROW…, “I HAVE SEEN THE FUTURE—AND IT AIN’T GOT A
LOT OF DEAD TREES IN IT,”
by Mike Resnick
THE ANDRÉ NORTON AWARD, “MAGIC OR MADNESS,”
by Justine Larbalestier
ABOUT THE NEBULA AWARDS
PAST NEBULA AWARD WINNERS
THE AUTHORS EMERITI

Nebula Awards Showcase 2008 - The Year's Best SF and Fantasy - por Ben Bova [ Download ]

terça-feira, 9 de junho de 2009

The Science Fiction Hall of Fame - volume two-a


This two-book set is the second volume of the Science Fiction Hall of Fame, and consists of stories of longer lengths than those published in the highly acclaimed Volume One.

These stories have been selected by the members of The Science Fiction Writers of America (SFWA), the organization of some four hundred professional science fiction writers. Thus, the Science Fiction Hall of Fame is the definitive anthology in this field, the collective choice of the practitioners of the science fiction art themselves.

Founded in 1965, each year since 1966 SFWA has given achievement awards for the best stories of the year.
The awards are called Nebulas, and are chosen on the basis of a vote by SFWA's members.

The purpose of the Science Fiction Hall of Fame anthologies is to bestow a similar recognition on stories that were published prior to 1966, and thus never had a chance to earn a Nebula.

Like the annual Nebula awards themselves, election to the Hall of Fame anthology is based on a poll of SFWA's members. Volume One was restricted to short stories; Volume Two is devoted to novelets and novellas.

The voting procedure began with recommendations. For nearly a full year, SFWA members sent in suggestions for stories that were worthy of inclusion in the Hall of Fame. As editor, I quickly began to see that it was going to be a heartbreaking job to rule out any of these fine tales.

Almost every title recommended brought back a powerful memory of the first time I had read that particular piece. And the authors! H. G. Wells, John W. Campbell, Jr., Robert Heinlein, Cyril Kombluth .. how could any of them be ruled out?


CONTENTS
Introduction: Ben Bova
CALL ME JOE, Poul Anderson
WHO GOES THERE?, John W. Campbell, Jr. (as Don A. Stuart)
NERVES, Lester del Rey
UNIVERSE, Robert A. Heinlein
THE MARCHING MORONS, C. M. Kornbluth
VINTAGE SEASON, Henry Kuttner and C. L. Moore (as Lawrence O'Donnell)
. . . AND THEN THERE WERE NONE, Eric Frank Russell
THE BALLAD OF LOST C'MELL, Cordwainer Smith
BABY IS THREE, Theodore Sturgeon
THE TIME MACHINE, H. G. Wells
WITH FOLDED HANDS, Jack Williamson


The Science Fiction Hall of Fame - volume 2a - Ben Bova [ Download ]

segunda-feira, 8 de junho de 2009

The Science Fiction Hall of Fame - volume one - 1929-1964


This is as nearly definitive an anthology of modern science fiction stories as is likely to be compiled for quite some time. Its contents were chosen by vote of the membership of the Science Fiction Writers of America, an organization of some three hundred professional writers whose roster includes virtually everyone now living who has ever had science fiction published in the United States.

The book you now hold represents the considered verdict of those who themselves have shaped science fiction—a roster of outstanding stories selected by people who know more intimately than any others what the criteria for excellence in science fiction should be.

SFWA—the Science Fiction Writers of America—was founded in 1965 "to inform science fiction writers on matters of professional interest, to promote their professional welfare, and to help them deal effectively with publishers, agents, editors, and anthologists."

Though other special writers' organizations, such as the Mystery Writers of America and the Western Writers of America, had come into existence long before, all previous attempts to create a professional science fiction writers' group had been abortive. However—thanks in large measure to the energy and devotion of the first president of SFWA, Damon Knight, and its first secretarytreasurer, Lloyd Biggie—all but a few writers in this notoriously individualistic field quickly joined. For greater cohesiveness, membership was limited to writers whose work had appeared m the United States, but no restrictions were placed on a writer's own residence or citizenship.

Thus SFWA has a large British contingent as well as members from Australia, Canada, and several other Commonwealth countries.

In 1966 SFWA held the first of its annual awards banquets, at which handsome trophies nicknamed Nebulas were presented to the authors of 1965's outstanding science fiction stories, as chosen by vote of the membership. These awards have been presented in each subsequent year in four categories: short story, novelet, novella, and novel.

During my term of office (1967-68) as SFWA's second president, it was decided to extend the concept of awards retroactively into the period prior to SFWA's inception. Members would be asked to nominate and vote for the best science fiction stories of the era ending on December 31, 1964: that is, the period up to the point covered by the Nebula awards.

No trophies would be given, but the stories chosen would be republished in a showcase anthology spanning several volumes—the Science Fiction Hall of Fame.

This is the first of those anthologies.

It embraces the categories of short story and novelet; arbitrarily, stories over 15,000 words in length were excluded from nomination and reserved for consideration in the volumes to come.


Contents
Introduction: Robert Silverberg
A MARTIAN ODYSSEY - Stanley G. Weinbaum
TWILIGHT - John W. Campbell
HELEN O'LOY - Lester del Rey
THE ROADS MUST ROLL - Robert A. Heinlein
MICROCOSMIC GOD - Theodore Sturgeon
NIGHTFALL - Isaac Asimov
THE WEAPON SHOP - A. E. van Vogt
MIMSY WERE THE BOROGOVES - Lewis Padgett
HUDDLING PLACE - Clifford D. Simak
ARENA - Fredric Brown
FIRST CONTACT - Murray Leinster
THAT ONLY A MOTHER - Judith Merril
SCANNERS LIVE IN VAIN - Cordwainer Smith
MARS IS HEAVEN! - Ray Bradbury
THE LITTLE BLACK BAG - C. M. Kombluth
BORN OF MAN AND WOMAN - Richard Matheson
COMING ATTRACTION - Fritz Leiber
THE QUEST FOR SAINT AQUIN - Anthony Boucher
SURFACE TENSION - James Blish
THE NINE BILLION NAMES OF GOD - Arthur C. Clarke
IT'S A GOOD LIFE - Jerome Bixby
THE COLD EQUATIONS - Tom Godwin
FONDLY FAHRENHEIT - Alfred Bester
THE COUNTRY OF THE KIND - Damon Knight
FLOWERS FOR ALGERNON - Daniel Keyes
A ROSE FOR ECCLESIASTES - Roger Zelazny

The Science Fiction Hall of Fame - vol.1-1929-1964 - The Greatest Science Fiction Stones of All Time Chosen by the Members of The Science Fiction Writers of America - Robert Silverberg [ Download ]

domingo, 7 de junho de 2009

Ben Bova


Benjamin William Bova (8 de Novembro de 1932) nasceu na Filadélfia (EUA).

Publicou seu primeiro livro aos 27 anos e de lá para cá foram mais de 120 títulos de ficção e científicos.

Trabalhou como repórter de jornal, foi editor da revista Analog (após a morte de John W.Campbell) e da Omni, foi consultor científico da série The Starlost, porém abandonou o projeto decepcionado com os resultados. Seu romance The Starcrossed, vagamente baseado nesta experiência, foi dedicado a 'Cordwainer Bird', nome que seu amigo Harlan Ellison utilizava, quando não queria ser associado a um projeto de televisão ou filme.

Ben é bacharel em ciências, com mestrado em comunicação, presidente honorário da National Space Society, e presidiu a SFWA. Também pesquisou lasers de grande potência e dinâmica de fluidos, em projetos como o Avco.

Bova é tido como um visionário da Ficção Científica. Seus livros, desde os anos 60, continham inúmeras referências a viagens espaciais, lasers, colonização da lua, corações artificiais, nanotecnologia, manutenção ambiental, realidade virtual e clonagem.

Site oficial

Ben Bova (The Precipice, The Rock rats, The Silent War, Café Coup, Children of the mind, Colony, Crazy ideas, Cyberbooks, Death Dream, Death on Venus, Empire Builders, Escape Plus, Exiled from Earth, Flight of exiles, End of exile, Hour of the gremlins, Inspiration, Jupiter, Law and Order, Life as We know, Mars, Mercury, Moonrise, Moonwar, Mount Olumpus, Orion, Vengeance of Orion, Orion in the Dying time, Orion and the Conqueror, Orion Among the stars, Peacekeepers, Priorities, Privateers, Remember Caesar, Return to Mars, Acts of God, Saturn, Slowboat to th Stars, Star Conquerors, The Duelling machine, The Hindenburg Society, The Kinsman Saga, The multiple man, The Starcrossed, The Watchmen, THX 1138, Twice Seven, Venus, Voyagers series, Welfarewell, With friends like these, The Trikon Deception, The future of science, The Craft of writing SF that sells ) [ Download ]

sábado, 6 de junho de 2009

De como Micromil e Cigaciano provocaram a fuga das Nebulosas - Stanislaw Lem


Os astrônomos nos ensinam que tudo quanto existe, as nebulosas, as galáxias, as estrelas, se afastam umas das outras em todas as direções e, como conseqüência desta fuga contínua, o universo cresce sem cessar há milhões e milhões de anos.

Algumas pessoas, assombradas com esta fuga universal, trataram de inverter a ideia e chegaram à hipótese de que, nos tempos mais remotos, o Cosmo inteiro se aglomerava em um ponto, como uma bola estelar, que por uma estranha causa, totalmente desconhecida, explodiu, e que esta explosão continua até os nossos dias.

Pensando desta maneira, sente-se uma enorme curiosidade sobre o que poderia existir antigamente, mas são incapazes de esclarecer o mistério. Na realidade foi isso que aconteceu:

No Universo anterior viviam os construtores, mestres incomparáveis da arte cosmogônica.
Não havia coisa que eles não pudessem fazer, embora se saiba que para construir qualquer coisa é preciso dispor antes de um planejamento daquilo que se pretende construir.

De maneira que estes dois construtores, chamados Micromil e Gigaciano, passavam o tempo discutindo de que maneira seria possível entender o que poderia ser construído por ambos.

-Posso realizar tudo que se passa na cabeça - afirmava Micromil - porém não me lembro de tudo. Isso me limita, e a você também, pois não somos capazes de imaginar tudo que pode ser imaginado; e é muito possível de que exista alguma coisa que não seja exatamente aquilo que estamos imaginando e construindo e que valha a pena ser feita. Não acha?

-Tem toda razão, - disse Giganciano - mas o que podemos fazer?

-Me parece muito simples: Tudo que construímos sai da matéria, disse Micromil, já que nela se encerram todas as possibilidades. Se pensamos numa casa, construímos uma casa, se imaginamos um palácio de cristal, levantamos este palácio. Não importa se falta uma palavra, uma estrela ou uma mente, também conseguimos fabricá-las. Sem dúvida, dentro da matéria existem mais possibilidades do que dentro de nossas cabeças, por isso precisamos dar uma voz à matéria para que ela possa nos dizer o que podemos fazer com ela, diferente daquilo que somente nos ocorre ser possível.

-Sim, claro, uma voz é necessária - disse Gigaciano - mas não basta, já que a voz somente é capaz de expressar o que a mente concebe. Portanto a matéria não precisa só de uma voz, mas também do pensamento, e então seguramente revelará todos os seus segredos.

-É correto- concordou Micromil, vale a pena tentarmos. No meu modo de ver, devemos proceder assim, já que tudo que existe é energia: é necessário construir uma mente começando por sua menor parte, desde o Quantum.... é preciso aprisionar a mente quântica em uma cela feita de átomos pequenos. Quando tivermos cem milhões destes pequenos gênios de bolso, teremos conseguido nosso objetivo: estes cérebros se multiplicarão e então qualquer punhado de areia pensante nos dirá o que fazer e como fazê-lo, muito melhor do que um conselho formado por incontáveis pessoas.

-Não, não, assim não é possível, reclamou Gigaciano. Temos que fazer o inverso, já que tudo que existe é massa. Com a massa do Universo construiremos um cérebro imenso e repleto de ideias. E, quando perguntarmos, ele revelará todos os segredos do Universo. Seus pequenos gênios não serão mais do que um fenômeno desprovido de eficácia, já que cada grão pensante dirá uma coisa diferente e será uma confusão, e você não entenderá coisa alguma.

Seguiram assim discutindo os dois construtores até terminarem por se desentender de tal maneira que não haveria como empreenderem a tarefa juntos. Assim, se separaram e cada qual passou a trabalhar de seu modo.

Micromil começou capturando os quantuns e meteu-os em jaulinhas atômicas, e como os mais diminutos se concentraram em cristais, dotou de uma mente os diamantes, as calcedônias e os rubis; as coisas deram muito certo, principalmente com os rubis, até o extremo de, por tanta energia racional contida neles, lançarem fagulhas. Havia também outros minerais pensantes, tais como esmeraldas, as prudentes safiras e espertos topázios, mas os que se saíram melhor, do ponto de vista de uma mente, foram os rubis vermelhos.

Enquanto Micromil se dedicava à gestação de corpos diminutos, Gigaciano se dedicava a criar um gigante. Escolheu toda a matéria disponível, fundindo-a, mesclando, soldando e martelando, até que criou seu ser cósmico, chamado Cosmoludo, uma criatura enorme que a tudo abarcava, ao ponto de que nada ficasse fora dele, salvo o pequeno reduto onde Micromil estava com suas jóias pensantes.

Quando ambos os construtores terminaram sua sobras já não se tratava de saber qual das duas engenhosidades criadas por eles possuía mais ideias e revelava mais enigmas, mas qual dos dois construtores havia tido razão e escolhido mais acertadamente. Decidiram então competir.

Gigaciano aguardava Micromil junto a Cosmoludo, que se estendia por séculos e séculos-luz em comprimento, largura e altura, pois seu corpo era formado de escuras nebulosas estelares, seu sistema respiratório se compunha de múltiplos sóis e as pernas e braços eram galáxias engessadas pela gravidade, a cabeça formada por trilhões de globos metálicos e um chapéu peludo sobre a cabeleira solar. Quando Gigaciano preparava Cosmoludo, tinha que ir da orelha até a boca e cada uma destas viagens durava seis meses. Ao contrario, Micromil chegou ao campo de batalha sozinho, com as mãos vazias; e em seu bolso levava o diminuto rubi que iria enfrentar o gigante.

Gigaciano sorriu ao vê-lo.

-Para que serve esta nulidade? Caçoou. O que ele pode diante deste gigantesco poço de sabedoria galática, o que pode contra sua compreensão feita de nebulosas, cujos pensamentos são transmitidos de um sol para outro, reforçando sua poderosa gravidade, até que as estrelas explodindo conferem o resplendor das ideias, e a escuridão interplanetária agiganta sua reflexão?

-Deixe de se gabar de sua criação e de caçoar de mim e vamos aos fatos! disse Micromil. Sabe o que é melhor? Deixemos para eles a competição! Que meu gênio microscópio se bata com seu ser estelar, neste torneio em que o escudo é a inteligência e a espada a prudente razão.

-Pois que seja! Concordou Giganciano.

Então se separaram e ambas suas criações permaneceram sozinhas no campo de batalha. O diminuto e vermelho rubi começou a dar voltas, girando no escuro vácuo cósmico riscado pelas estrelas por sobre o corpo iluminado de seu incomensurável rival, e então disse, com voz de passarinho.

-Ei, grandão sem fim! És capazes de pensar?

Suas palavras levaram um ano até chegar ao cérebro do colosso, cujos pavilhões harmônicos e artisticamente concebidos começaram a se mover e então o colosso se assombrou com aquelas palavras atrevidas e quis ver quem era o ousado que assim falava.

Começou a girar a cabeça naquela direção, mas antes de terminar a rotação já haviam se passado dois anos. Olhou através da escuridão com seus claros olhos galáticos, mas não viu nada, já que o rubi, já fazia algum tempo, estava em suas costas.

- Estúpido! Ao invés de mover sua cabeça, vê se pode me dizer quanto é dois mais dois, antes que a metade desses seus sóis azuis gigantes ardam em teu cérebro e se consumam de tão velhos!

Furioso por conta das brincadeiras do diminuto rubi, Cosmoludo começou a girar novamente a cabeça o mais rapidamente que pode, mas o rubi já estava falando novamente às suas costas, então tratou de girar mais depressa, e ao redor do eixo de seu corpo rodopiavam vias lácteas e os membros feitos de galáxias, até então definidos, se enroscaram em espirais e as nebulosas estelares giraram vertiginosamente, de modo que tudo se converteu em uma bola e todos os sóis e os planetas se dispararam com tal velocidade que pareciam piões; mas antes que o colosso pudesse enquadrar seu adversário, este já zombava às suas costas.

O atrevido engenho de Micromil escapava cada vez mais depressa, enquanto Cosmoludo não fazia mais do que girar e girar, mas sem poder alcançá-lo, apesar de dar mais voltas que um pião gigantesco e tanto girou, e com tanta velocidade, que se distenderam as cadeias gravitacionais até o ponto de alcançarem o limite de sua resistência, destruindo seus pontos de atração elétrica e, com a terrível potência centrífuga, o gigante imediatamente estourou e seus pedaços saíram disparados pelo espaço, derramando suas ardentes espirais galáticas e assim começando a fuga das nebulosas.

Micromil afirmou que devido àquela catástrofe o triunfo era portanto seu, já que o Cosmoludo de Gigaciano havia volatizado antes sequer de pronunciar uma palavra racional, ao que Giganciano respondeu que o objetivo da competição não consentia em medir forças, e sim a compreensão, ou seja, qual das criações era a mais inteligente e não qual era mais resistente, e já que o que aconteceu nada tinha a ver com o objetivo do desafio, afirmava que Micromil o havia enganado vergonhosamente.

Desde então, Micromil anda procurando seu rubi, que se perdeu durante a catástrofe, porém sem poder encontrá-lo; de vez enquanto enxerga uma luz vermelha e corre até ela, mas encontra uma nebulosa corada de velhice e volta a continuar buscando, mas sempre em vão.

Por sua vez, Gigaciano se dedica, com a ajuda de grandes cordas gravitacionais e de fios de calor, a cozer os fragmentos dispersos de seu Cosmoludo, utilizando como agulha a radiação.
Porém tudo que costura logo se rompe de tão enorme é a força das nebulosas foragidas a correr. Assim, nem um nem outro conseguiram descobrir os mistérios da matéria, apesar de a terem dotado de uma mente e posto uma voz; porém no momento decisivo da conversação, esta resultou tão pobre que se qualificaria de irracional e tola por sua ignorância.

Porém se há um fato concreto, é que o gigante Cosmoludo de Gigaciano se rompeu em uma infinidade de pedaços por culpa do rubi de Micromil e todos os fragmentos seguem voando até hoje em todas as direções. E se alguém não acredita, basta perguntar aos sábios se não é verdade que tudo que existe no cosmos gira incessantemente ao redor de seu eixo como um pião - pois tudo começou com esta vertiginosa rotação.


De Cómo Micromil y Cigaciano Provocaron la Fuga de las Nebulosas - Stanislaw Lem

sexta-feira, 5 de junho de 2009

Revistas - Space Wars e Starlog SciFi Toys & Models





Space Wars - Dezembro 1977 [ Download ]










Space Wars - Junho 1978 [ Download ]











Starlog Scifi Toys&Models - [ Download ]

quinta-feira, 4 de junho de 2009

Comics - Magnus



Magnus - Novembro 1965 [ Download ]





Magnus - Setembro 1967 [ Download ]

quarta-feira, 3 de junho de 2009

Comics - Tom Corbett, Space Adventures e Space War


Tom Corbett - Junho 1955 [ Download ]




Space Adventures [ Download ]





Space War num.2 - Dezembro 1959 [ Download ]