quinta-feira, 19 de fevereiro de 2009

Las paradojas del Tiempo - Domingo Santos

Introducción - Las paradojas del tiempo

En 1888, un joven escritor de veintidós años iniciaba la publicación de una serie de
ensayos sobre el tiempo en una revista de aficionados. Siete años más tarde, sobre la base de estos ensayos, el mismo autor escribía una novela que en poco tiempo se convertiría en un clásico universal. El autor se llamaba Herbert George Wells, y la novela, por supuesto, se titulaba «La máquina del tiempo».

Desde aquel lejano 1895 hasta hoy, el tema del tiempo se ha convertido en uno los
más apasionantes para los autores de ciencia ficción de todo el mundo. Sus posibilidades son infinitas, desde las simples paradojas temporales («Sí señor, fui al pasado, me enamoré de una chica y... ¡Bueno, pues resulta que ahora soy mi propio abuelo!») hasta las meras utopías sociales («Fui a doscientos años en el futuro, y la sociedad se había convertido en una tiranía militarista que...»), sin contar con la posibilidad de hacer cambiar el tiempo («Fui a 1889 y maté a Hitler en su cuna y...») con todas sus previsibles consecuencias.

Pero, de todas ellas, una de las posibilidades que más atraen al autor es precisamente
la primera: las paradojas temporales.

A esas paradojas dedicamos este volumen. La paradoja temporal más sencilla de
pergeñar es, por supuesto, el lazo cerrado, el pez que se muerde la cola, el clásico problema del huev o y la gallina. Supongamos el ejemplo más simple: nuestro protagonista recibe una extraña visita: un hombre le advierte que al día siguiente no debe tomar el avión con el que pensaba trasladarse a otra ciudad porque este avión se estrellará, y al mismo tiempo le hace entrega de un sobre para que lo abra cuando haya comprobado la veracidad de su aviso.

Impresionado por toda el aura que rodea la advertencia, nuestro héroe decide hacer caso. Al día siguiente, efectivamente, el avión se estrella. El sobre que le ha entregado el desconocido, al ser abierto, resulta que contiene los planos de una máquina para viajar por el tiempo, y con los planos hay un nuevo aviso: «Quien te ha avisado eres tú mismo, el tú del futuro.

Construye esta máquina del tiempo: su construcción te llevará cinco años. Cuando la hayas terminado, debes acudir al pasado a avisar a tu yo anterior del peligro que puede poner fin a su vida». Nuestro héroe construye su máquina, tarda cinco años en tenerla a punto, y una vez probada satisfactoriamente cumple las instrucciones: viaja al pasado y avisa a su yo de cinco años antes del peligro que corre, al tiempo que le entrega el sobre que a su vez le permitirá realizar todo el proceso. El círculo se ha cerrado. Pero, cabe preguntarse: ¿de dónde ha salido en su origen esta máquina del tiempo? De la nada, evidentemente...

Desde esta paradoja simple, que con más o menos variaciones han explotado casi
todos los autores de ciencia ficción del mundo entero, las complicaciones pueden prolongarse al infinito: el primer relato que abre este volumen es un buen ejemplo de ello. Y, generalmente, todas estas paradojas desembocan en una aparente imposibilidad... y ahí reside precisamente su principal atractivo. Como también en sus consecuencias: si yo voy al pasado, pregunta el autor, y mato a mi abuelo antes de casarse, ¿qué me ocurrirá a mí?

¿Desapareceré, seguiré viviendo? ¿Me c onvertiré en algo distinto a lo que soy ahora?
Las paradojas temporales ponen sobre el tapete el problema metafísico del
determinismo, del libre albedrío. De hecho, si el viaje por el tiempo es posible (y me refiero aquí al viaje al futuro), entonces es que todo existe ya a nuestro alrededor, la teoría de que vamos construyendo sobre la marcha el futuro con nuestras decisiones es falsa. Y las historias de paradojas temporales ponen muchas veces una coletilla a este determinismo: al igual que podemos viajar al futuro, ¿acaso podemos también viajar al pasado y cambiarlo?

Naturalmente, en este último aspecto, hay teorías (y relatos) para todos los gustos:
desde los que apuntan a que seremos meros fantasmas, espectadores de un pasado al que podremos acceder pero sobre el que no tendremos ninguna influencia (¡por lo que incluso podremos organizar viajes turísticos a los tiempos antiguos!), hasta aquellos en los que, como en un celebre relato de Ray Bradbury, el simple hecho de matar una mariposa en la más remota prehistoria puede transformar por completo a toda la humanidad.

Y finalmente están también aquellas paradojas en las que el viajero del tiempo puede
cambiar el pasado, transformando el mundo, pero sin que por ello desaparezca el actual. Este último apartado de las paradojas temporales entronca directamente con otro tema de gran repercusión también en la ciencia ficción: los universos paralelos.

Pero de esto nos ocuparemos en otro volumen. El tiempo, y sus paradojas, son de por
sí un campo lo suficientemente amplio como para que le podamos dedicar varios números. De momento contentémonos con las paradojas puras y simples. Ahora ya son suficientes...
Domingo Santos

ÍNDICE
Introducción, Las paradojas del tiempo © Domingo Santos
Ladrón en el tiempo (A Thief in Time) © Robert Sheckley, 1954
Sobre el tiempo y Texas (Of Time and Texas) © William F. Nolan, 1956
El programa del destino (The Destiny Show) © Derek Lane, 1960
El fundador de la civilización (¿?) © Romain Yarov, 1969
El armario temporal (Time Locker) © Lewis Padgett, 1943
El cruce (L'Incrocio) © Sandro Sandrelli, 1963

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