sexta-feira, 6 de fevereiro de 2009

Vinieron del Espacio Exterior - Jim Winorski


Érase una vez un maravilloso teatro..., una cavernosa sala de espectáculos con platea y dos pisos donde un muchacho y sus amigos podían dar rienda suelta a su nostalgia todos los sábados por la tarde por sólo cuatro cuartos. Se llamaba La Calita y sus acomodadores llevaban unas llamativas chaquetillas rojas, había una gigantesca pantalla enmarcada con cortinas de terciopelo, y su principal atracción era una encantadora señora detrás del mostrador de los caramelos que realmente fundía auténtica mantequilla para hacer las palomitas de maíz. Si usted alcanzó su pubertad en algún momento antes de finales de los 60, probablemente tendrá una “La Calita” en lo más precioso del arcón de sus recuerdos.

Porque fue en esos maravillosos palacios antiguos donde nosotros echamos nuestra primera mirada al futuro. Junto con los tiroteos de los cowboys y las historias policíacas, un nuevo tipo de películas golpeó la plateada pantalla con una auténtica rociada cuando los Estados Unidos entraron en la era atómica a finales de los años 40. Quizá usted fue uno de los primeros en ver películas tan proféticas como Con destino a la Luna o Cohete X-M durante las primeras citas con su chica. Ambos films fueron despachados como mera basura por los críticos, pero hoy en día, apenas treinta años más tarde, su visión retrospectiva del aterrizaje lunar y de la exploración marciana ha penetrado ya en la historia.

Pero por aquel entonces películas tales como Ultimátum a la Tierra y Vino del espacio exterior eran rodadas tan sólo para los soñadores, una entusiasta multitud joven más que deseosa de ser arrastrada al espacio profundo o de desafiar los desconocidos peligros de una invasión alienígena. En nuestra desbordada imaginación, todos nosotros efectuamos el peligroso viaje interestelar hasta la Metaluna sacudida por la guerra en Esta isla la Tierra, luchamos contra los invisibles “monstruos del Id” en el Planeta prohibido; luego regresamos a la Tierra a fin de sofocar La invasión de los ladrones de cuerpos.

Con un presupuesto grande o pequeño, con un plantel de grandes estrellas o un reparto de completos desconocidos, las primeras películas de ciencia ficción tenían todas ellas una cosa en común: inspiraban un innegable “sentido de la maravilla” en millares de impresionables jóvenes. Incluso indujeron a muchos de ellos a acudir a los periódicos o revistas de ciencia ficción y buscar allí el complemento que acabara de llenarles.

Lo sé... porque es lo que me ocurrió a mí. Inmediatamente después de que la Universal llevara a la pantalla El increíble hombre menguante, sentí una abrumadora compulsión que me obligó a comprar un ejemplar de la ahora clásica novela de Richard Matheson. Aquello representaba dejar de comprar cinco tebeos de diez centavos cada uno, pero el medio dólar fue gastado sin el menor remordimiento, y la novela estuvo pronto camuflada bajo las tapas de un libro de texto para una más fácil lectura en cualquier momento. Cuando llegué al último capítulo supe que el montón de tebeos que tenía en mi mesilla de noche iba a desaparecer para siempre. Porque allí había excitación y aventuras que ningún superhéroe enmascarado podría jamás igualar. Y como un auténtico adicto de la ciencia ficción, tenía que hacer algo más... inmediatamente.

Muchos días entre semana me encontraron en la biblioteca local y en las librerías de segunda mano, buscando nombres como Asimov, Sturgeon, Bradbury y Clarke. Mientras tanto, los fines de semana, me especialicé en acaudillar safaris en grupo hacia cualquier cine en un radio de quince kilómetros... presentando a mis amigos las últimas fantasías de Hollywood.

A veces un excelente guión y una magnífica actuación de conjunto eran lo más importante, como ocurría en films tales como El enigma de otro mundo, El pueblo de los condenados y La Tierra en llamas. Otras veces era el departamento de efectos especiales el que nos mantenía clavados en nuestros asientos, con películas tales como La guerra de los mundos, la Tierra contra los platillos volantes y La máquina del tiempo.

Inmediatamente detrás de estos reverenciados clásicos había un amplio abanico de honorables menciones: películas imaginativas que, por una u otra razón, habían fracasado en conseguir todo su potencial. Viaje al séptimo planeta, con su original premisa de un cerebro omnipotente controlando a todo el mundo, es un apreciable ejemplo de una gran idea estropeada por unos decorados baratos y una confusa dirección. Otros títulos de esta amplia categoría incluyen obras estimables, tales como el angustioso Terror en el espacio, de Mario Bava, y el film lleno de suspense de Edward L. Cahn, Ello: el terror de más allá del espacio, ambas precursoras del inmensamente popular film de ciencia ficción de 1979 titulado Alien, el octavo pasajero.

Sí, como en todos los géneros, por cada esfuerzo digno había también docenas de “Serie Z” inundando el mercado. ¿Recuerdan la masiva decepción cuando el alienígena de Vuelo a Marte resultó ser el actor de carácter Morris Ankrum metido en un apolillado traje espacial? ¿Y los abucheos y silbidos en Cinco doncellas del espacio exterior cuando se reveló que el monstruo era un hombre llevando un jersey de cuello vuelto sobre su cabeza? Y aunque muchos lo han intentado, ¿quién puede olvidar el espantoso gorila alienígena en Monstruo robot?

Hoy, por supuesto, incluso los más populares films de ciencia ficción de años pasados han sido superados por otros films tales como La guerra de las galaxias y Encuentros en la tercera fase.
¡Y cómo no! Los jóvenes directores George Lucas y Steven Spielberg han reconocido ambos ser admiradores del cine y de la literatura de imaginación. Ellos también crecieron leyendo Amazing Stories y sentados en primera fila viendo No de esta Tierra y La invasión de los hombres de los platillos volantes.

Quizás algún día, gracias a la influencia de Luke Skywalker y a la Nave Nodriza en CE3K, un director del mañana nos presente aventuras especulativas aún más impresionantes en la pantalla. Pero por ahora celebremos algunos de los espléndidos films y excelentes autores que lo iniciaron todo. Aquí presentamos una serie de los más famosos relatos de ciencia ficción trasladados al celuloide. Así que amortigüemos las luces... el telón va a alzarse inmediatamente.

ÍNDICE
Introducción - Vinieron del espacio exterior, Jim Wynorski
El centinela, Arthur C. Clarke
El amo a muerto, Harry Bates
Ciudad implacable, Ivar Jorgenson
El montaje cósmico, Paul W. Fairman
¿Quién hay ahí?, John W. Campbell, Jr.

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