segunda-feira, 2 de março de 2009

Historia de la Ciencia-Ficcion Moderna - 1911-1971 - Jacques Sadoul



La obra que tiene ante sí es una historia de la ciencia-ficción y nada más. No aspira en absoluto a una comprensión global del género, a un genial esfuerzo de síntesis, a la elaboración de una metafísica. Por otra parte, perdido como me encontraba en el mosaico de los centenares de relatos analizados, me habría resultado muy difícil disponer de una visión de conjunto y poder aplicar a ella una reflexión sintética. Dejo esa tarea a otros, esperando serles de utilidad al entregarles este estudio cronológico, que puede constituir un
punto de partida.

A fin de que el lector no se sienta también perdido en el gran número de títulos citados, esbozaré ahora la evolución de la C-F en los Estados Unidos desde 1911 hasta 1971, y haré otro tanto, referido a Francia, en la segunda parte del libro. Por lo que atañe al mundo anglosajón, he dividido el período considerado en siete capítulos de desigual longitud que me ha parecido corresponden a períodos esenciales en el desarrollo de la C-F. El título de cada
capítulo representa la idea motriz, la clave del período en cuestión.

Fundación (1911-1925): Al principio de este capítulo, explico por qué he elegido el mes de abril de 1911, fecha arbitraria, pero práctica, como se verá.
En realidad, en los países anglosajones la fundación de la C-F moderna comienza
a finales del siglo pasado. Abundan las utopías o contrautopías, y es innumerable la descendencia de Bellamy, por ejemplo. Las imitaciones de H. Rider Haggard invaden la literatura popular, que se encuentra entonces en las Dime novels, es decir, novelas baratas publicadas bajo la forma de pequeñas revistas. Los libros de H. G. Wells han aportado una nueva fuente de inspiración a estos autores populares, que agregarán los viajes por el
tiempo a sus temas habituales. Por último, la influencia de Julio Verne continúa viva y se mezcla frecuentemente en las Dime novels con la de Wells para llegar a la creación de novelas de aventuras con base seudocientífica (inventos delirantes, sabios locos, etc.). Al final de este capítulo, en 1925, tendremos ya toda una literatura de ciencia-ficción moderna o de sciencefantasy perfectamente definida, aunque falta todavía por precisar el uso de estos dos términos. La mejor prueba de ello es que la reedición de numerosas novelas aparecidas en esta época continúa siendo práctica corriente en los Estados Unidos en las colecciones de bolsillo especializadas. En 1925, la ciencia-ficción, tal como la concebimos hoy, se halla ya sólidamente establecida, pero le falta un punto de focalización, un cristalizador, que le permita diferenciarse de otras publicaciones populares con las que estas obras
se encuentran mezcladas.

Cristalización (1926-1933): Al crear en abril de 1926 la primera revista de ciencia-ficción Amazing Stories, Hugo Gernsback será el verdadero padre de la CF moderna en cuanto género separado. Algunos se lo reprocharán, estimando que ha encerrado así a la C-F en un ghetto y le ha cortado todo contacto con la literatura general. Esto es un absurdo, pues la ciencia-ficción de los años 1900-1925 no tenía la menor relación con la literatura general, sino con la novela folletín y las obras populares de más bajo nivel (a excepción, desde luego, de los últimos textos de Wells y London). Sin duda alguna, habría continuado
enmoheciéndose allí durante años, sin esperanza de salir, si Gernsback no la hubiera dotado de autonomía. Según confesión del propio Hugo Gernsback, tres maestros presidirán los destinos de la nueva revista: H. G. Wells, Julio Verne, Edgar Allan Poe. Esto no puede sorprendernos. La Ciencia (o, mejor dicho, las ideas científicas) aparecían como el cimiento de casi todos los textos de esta época. La Máquina, a la vez producto y derivado de la Ciencia, desempeña en ellos un papel preponderante. Por regla general, se halla al servicio del
hombre y le permite conquistar otros mundos u otras dimensiones, pero, a veces,
se vuelve contra él, ya sea por sí misma, ya sea en manos de algún sabio loco.
A partir de 1930, cierto número de nuevos autores utilizarán sus relatos de ciencia-ficción como vehículo de una crítica de la civilización contemporánea. Las clases sociales, el derecho de propiedad, la fuerza del dinero, el poder de los Bancos, la explotación de los trabajadores, etc., comienzan a ser objeto de acusación. Fue éste, sin duda, un fenómeno no previsto por Gernsback y que se ha desarrollado de manera autónoma, quizás, incluso, contra su voluntad. A finales de 1933, la ciencia-ficción sufre su primera mutación, y es esta palabra la
que servirá de título a mi tercer capítulo.

Mutación (1934-1938): Este período se halla influido por la personalidad de F. Orlin Tremaine, redactor jefe de la revista Astounding Stories, creada en enero de 1930. Tremaine no era un aficionado a la ciencia-ficción, sino un profesional de la edición, cuyo espíritu se hallaba extraordinariamente abierto a toda clase de novedades. Su finalidad confesada fue solamente hacer una revista mejor que la de sus dos competidores de entonces. Trató, así, de crear una ciencia-ficción fundada en ideas nuevas, provocadoras; sobre todo, no fijó ningún límite a la clase de temas que aceptaba publicar. Fue así como aparecieron relatos
tomados directamente de la época y criticando el racismo, la xenofobia, el ascenso del totalitarismo nazi, etc., a la manera de puras narraciones de aventuras espaciales o temporales. Llegó, incluso, hasta a abandonar el sacrosanto principio del texto con base científica, aceptando en sus columnas a autores de science-fantasy, tales como H. P. Lovecraft o Catherine L. Moore. Sin embargo, si bien la Ciencia no desempeña ya el primer papel, continúa siendo la aliada del hombre, y la Máquina se convierte en su apoyo para lanzarse hasta los confines de la galaxia e, incluso, como veremos, más allá.

Recolección (1939-1949): La calidad de Astounding Stories y el choque provocado en el público por las ideas de sus autores formarán toda una nueva generación de jóvenes escritores que se revelará entre finales del año 1938 y comienzos de 1940. F. Orlin Tremaine abandonó la dirección de su revista y eligió para sucederle a un joven autor de space opera (es decir, de aventuras espaciales épicas), J. W. Campbell Jr. Éste era un fanático de la C-F y, al mismo tiempo, un espíritu científico que ha seguido cursos avanzados de Física. Dotado
de un temperamento muy autoritario, ejercerá considerable influencia sobre todos
los jóvenes escritores que aparecieron en esa época, pues les exigió relatos mucho más cuidados en cuanto al estilo y basados en elementos científicos más sólidos. Se produjo entonces el apogeo de la ciencia-ficción clásica, que duró hasta 1945: el Homo triomphans, servido por las máquinas amigas y la ciencia fiel, iba a conquistar el Universo. Cuando la bomba atómica fue lanzada sobre Hiroshima, se derrumbó el mito de la ciencia «buena» y amiga del hombre. Esto lo sintieron los autores de ciencia-ficción tanto más cuanto que habían creído sinceramente en ella, más quizá que el conjunto de los intelectuales, con
exclusión de los propios científicos. Surgen entonces numerosos y sombríos relatos de mundos post-atómicos bajo la pluma de autores hasta entonces optimistas: se sabe ya que los sabios locos no son los más peligrosos. Pero Campbell tiene una solución de recambio que proponer: en lugar de servir de vehículo a los mitos de la Ciencia o de cantar las alabanzas de sus máquinas, la ciencia-ficción se dedicará en lo sucesivo a prever el Futuro. La idea era
astuta, pues el mundo de los hombres vivía entonces en el terror del peligro atómico, al haberse instalado la guerra fría entre el Este y el Oeste desde el final de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cuál sería en lo sucesivo el futuro del hombre, si es que le quedaba algún futuro? Sin duda, un numeroso público creyó poder encontrar la respuesta a esta pregunta en las revistas de ciencia-ficción, pues a comienzos de los años 50 se multiplicaron de manera considerable, lo que me da el título del capítulo siguiente.

Proliferación (1950-1957): En el espacio de tres años, el número de las revistas de ciencia-ficción va a pasar de una docena a más de cuarenta. Al mismo tiempo, se opera una metamorfosis: los pulps, 12 es decir, las revistas populares de formato bastante grande que habían sucedido a las Dime novéis de principios de siglo, desaparecen y ceden el puesto a los formatos digest. Entre los nuevos títulos, uno de ellos, Galaxy, dirigido por Horace L. Gold, desbancará desde su aparición a todos los títulos antiguos o nuevos. Esta revista ofrece una cienciaficción a la vez más literaria y más adulta sobre temas con frecuencia nuevos;
por ejemplo, el reconocimiento de los derechos cívicos de los androides en la sociedad del futuro. Un tema semejante da por supuesto, evidentemente, el reconocimiento de los derechos cívicos de los negros, y las revistas de C-F son casi los únicos órganos en que será respetada la libertad de expresión en este período de maccarthysmo. La conquista del espacio no es pensada solamente en términos de exploración o de guerra, sino esencialmente desde el punto de vista económico o comercial. En el plano puramente terrestre, además del
peligro atómico, los autores se preocupan de la explosión demográfica, del absurdo de la civilización industrial y de los problemas de la contaminación.
Se está ya en el mañana. Y, luego, en 1957, los rusos envían al espacio el primer sputnik. Gran número de jóvenes aficionados a la C-F (la mayoría del público se sitúa entre los trece y los veinticinco años) se da cuenta entonces con estupor de que las predicciones de los autores de ciencia-ficción se convierten en realidad. Pero el futuro, exaltado por las revistas de
abigarradas portadas bajo los colores de la aventura y de la epopeya, resulta no ser más que una técnica aburrida e impersonal. ¿Por qué seguirse interesando en ella? Y es la recesión, brutal, rápida.

Recesión (1958-1965): En el transcurso de pocos años, el número de revistas descenderá de 41 a 6. Los nuevos autores ignoran deliberadamente la Ciencia o la desprecian. No les parece que la predicción tenga ya interés ni para ellos mismos ni para sus lectores. ¿Hacia qué se volverán en lo sucesivo? Es un período de marasmo desde el punto de vista económico y de
titubeos entre los escritores que perciben la necesidad de abandonar los caminos trillados, pero no ven aún la dirección a tomar. Los ingleses creen encontrar la respuesta en las investigaciones formales de la revista New Worlds. La forma prevalece sobre el fondo, y la calidad del estilo se convierte en su preocupación dominante. Irán incluso más lejos, avanzando sobre las huellas de Raymond Roussel y de los autores de una lejana «vanguardia».13 El camino carecía por sí solo de salida, pero fue fecundo para el conjunto de los autores del género, que comprendieron que los problemas de estilo y de composición debían en lo sucesivo pasar al primer plano de sus preocupaciones. Ésta fue la primera etapa hacia la renovación.

Resurrección (1966-1971): Los autores contemporáneos procuran a partir de entonces, primeramente, escribir buena literatura y, luego, ciencia-ficción. Para ellos, la noción de ciencia queda ya completamente abandonada: es puesta entre paréntesis, relegada al almacén de los accesorios usados. Paralelamente, la science-fantasy, esa mezcla de C-F pura y del género maravilloso o fantástico, que ha sufrido un cierto eclipse durante el período
clásico (a causa de la desaparición de los pulps especializados, Unknown y, luego, Weird Tales), retorna vigorosamente, pero bajo las características de un nuevo estilo más épico, la Heroic-fantasy. Sería por ello erróneo querer simplificar hasta el extremo, como han hecho algunos, pretendiendo reunir en una misma escuela a todos los jóvenes escritores, como había sucedido en Inglaterra. Los grandes antiguos, si puedo decirlo así, y algunos jóvenes
autores de talento escriben todavía ciencia-ficción tradicional; otros autores veteranos y nuevos escritores han superado, por el contrario, una etapa y conciben en lo sucesivo sus obras de ciencia-ficción, no ya como orientadas hacia el futuro, sino como una crítica del presente. Se vuelve a lo que se había intentado en los años 33-37, pero de manera más profundizada, más adulta, más lúcida. El Hombre, que con frecuencia había sido dejado de
lado para ocuparse de los extraterrestres o estudiado solamente desde el punto de vista de sus reacciones a los acontecimientos exteriores, se torna ahora primordial en esta nueva forma de C-F. Su espíritu, sus fantasmas, su inconsciente mismo, son explorados, disecados. Ésta es, por otra parte, la causa de que los viejos aficionados no reconozcan ya el género literario que han amado y consideren estúpida y pretenciosa la ciencia-ficción
contemporánea, mientras que los nuevos lectores admiran solamente las producciones de estos últimos años, considerando polvorientas y caducas todas las antiguallas de antes de la guerra e, incluso, obras más recientes.
Estas dos actitudes son igualmente absurdas y sólo manifiestan el extremismo —es decir, la falta de madurez intelectual— de quienes las doptan. Cada época de la C-F, desde principios de siglo hasta nuestros días, aporta grandes alegrías a quienes saben descubrirlas. Confío en que este estudio será el hilo de Ariadna que le permitirá a usted encontrarlas.

INTRODUCCIÓN
I. EL CAMPO ANGLOSAJÓN
I. Fundación (1911- 1925)
«Argosy» y otros «Munsey magazines»; Weird Tales; Inglaterra.
II. Cristalización (1926 - 1933)
Amazing Stories; Science Wonder Stories; Astounding Stories of Super Science
Argosy; Weird Tales; Otras revistas; Obras aparecidas en librerías, El «Fandom»
III. Mutación (1934 - 1938)
«Astounding Stories»; Amazing Stories; Wonder Stories; Argosy; Weird Tales; Inglaterra; «Fandom»
IV. Recolección (1939 - 1949)
Astounding Science-Fiction; Amazing Stories; Startling Stories y Thrilling Wonder Stories; Otras revistas; Weird Tales; Unknown; Obras aparecidas en librerías; Inglaterra; «Fandom».
V. Proliferación (1950 - 1957)
Galaxy; F & SF; Astounding Science-Fiction; Otras revistas; Obras aparecidas en librerías; «Fandom».
VI. Recesión (1958 - 1965)
Galaxy; If; «F & SF»; Astounding Science-Fiction; Analog; Amazing Science-Fiction; Obras aparecidas en librerías; Inglaterra.
VII. Resurrección (1966 - 1971)
Galaxy; «F & SF»; Analog; Amazing Science-Fiction; New Worlds.
I. EL CAMPO FRANCÉS (1905-1972)
VIII. Ayer....(1905 - 1949)
IX. ....Y mañana (1950 - 1972)
Periodo 1950 - 1955; Segundo periodo 1956 - 1961; Tercer periodo 1962 – 1972.

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