sábado, 28 de fevereiro de 2009

La historia de tu vida - Stories of Your Life and Others - Ted Chiang


Notas sobre los relatos

La torre de Babilonia

Este relato fue inspirado por una conversación con un amigo, cuando mencionó la versión del mito de la Torre de Babel que le habían enseñado en la escuela hebrea. En ese momento yo sólo conocía la narración del Antiguo Testamento, y no me había impresionado demasiado. Pero en la versión más elaborada, la torre es tan alta que lleva un año subir hasta lo alto, y cuando un hombre resbala y cae, nadie lo lamenta, pero cuando un ladrillo se cae, los albañiles lloran porque tardarán un año en sustituirlo. La leyenda original trata sobre las consecuencias de desafiar a Dios. Para mí, sin embargo, la historia evocaba imágenes de una ciudad fantástica en el cielo, con reminiscencias del Castillo de los Pirineos de Magritte. Me sentí cautivado por la audacia de esa imagen y comencé a preguntarme cómo podría ser la vida en una ciudad así. Tom Disch llamó a este relato «ciencia-ficción babilónica». Cuando lo escribí no pensaba que fuera así —los babilonios conocían lo suficiente la física y la astronomía, desde luego, para reconocer que este cuento es un capricho—, pero entendí a lo que se refería. Los personajes pueden ser religiosos, pero confían en la ingeniería antes que
en la oración. Ninguna deidad se aparece en el cuento; todo lo que sucede puede entenderse
en términos puramente mecanicistas. Ése es el sentido en el que, a pesar de la obvia diferencia de cosmología, el universo del relato se parece al nuestro.


Comprende

Éste es el relato más viejo de este volumen y quizá nunca hubiera sido publicado de no ser por Spider Robinson, uno de mis profesores en el taller de Clarion. Este cuento había recibido un puñado de rechazos la primera vez que lo mandé a las revistas, pero Spider me animó a volver a enviarlo una vez que ya contaba con Clarion en mi curriculum. Le hice algunos cambios y lo volví a enviar, y obtuvo una respuesta mucho mejor esta segunda vez.
La semilla inicial de este relato fue un comentario casual que me hizo un compañero
de cuarto en la universidad; en aquel momento él estaba leyendo La náusea, de Sartre, cuyo protagonista sólo ve ausencia de sentido en todo lo que observa. Pero, ¿cómo sería, se preguntó mi compañero, encontrar sentido y orden en todo lo que se observa? Para mí eso sugería una especie de percepción aumentada, lo que a su vez sugería super-inteligencia. Comencé a pensar en cuál era el punto en el que las mejoras cuantitativas —mejor memoria, reconocimiento de pautas más rápido— se convierten en una diferencia cualitativa, un modo de cognición fundamentalmente diferente.
Otra cosa que me intrigaba era la posibilidad de comprender realmente cómo funciona
nuestra mente. Algunas personas están convencidas de que es imposible que entendamos
nuestra propia mente, ofreciendo analogías como «uno no puede ver su cara con sus propios ojos». Eso nunca me pareció convincente. Puede ser que, finalmente, no podamos entender nuestra mente (para ciertos valores de «entender» y «mente»), pero necesitaré un argumento mucho más persuasivo que ése para convencerme.


Dividido entre cero

Hay una famosa ecuación que tiene este aspecto:
eπi + 1 = 0
Cuando entendí por primera vez las derivaciones de esta ecuación, se me quedó la
boca abierta de asombro. Permitan que intente explicarles por qué.
Una de las cosas que más admiramos en la ficción es un final que sea sorprendente y a la vez inevitable. Esto es lo mismo que caracteriza la elegancia en el diseño: una invención que sea inteligente y al mismo tiempo parezca totalmente natural. Por supuesto, sabemos que no son realmente inevitables; es el ingenio humano el que hace que lo parezcan temporalmente.
Piensen ahora en la ecuación que figura más arriba. Es definitivamente sorprendente;
uno podría trabajar con los números e, π e i durante años, cada uno en una decena de contextos diferentes, sin darse cuenta que se cruzan de esta forma en concreto. Pero una vez que se perciben las derivaciones, uno siente que esta ecuación es realmente inevitable, que ésta es la única forma en que podrían ser las cosas. Es un sentimiento de asombro, como si uno hubiera entrado en contacto con una verdad absoluta.
Una prueba de que las matemáticas son inconsistentes, y que toda su maravillosa
belleza es sólo una ilusión, sería, a mi parecer, una de las peores cosas que uno podría
conocer.


La historia de tu vida

Este relato nació de mi interés en los principios variacionales de la física. He encontrado
fascinantes estos principios desde que supe de ellos por vez primera, pero no sabía cómo usarlos en un cuento hasta que vi una representación de Time Flies When You’re Alive, el monólogo de Paul Linke sobre la batalla de su mujer contra el cáncer de mama. Se me ocurrió que podría usar principios variacionales para contar una historia sobre la respuesta de una persona ante lo inevitable. Unos años después, esa idea se combinó con los comentarios de una amiga sobre su hijo recién nacido para formar el núcleo de este cuento.
Para los que estén interesados en la física, debo decir que la discusión que tiene
lugar en el relato sobre el Principio de Tiempo Mínimo de Fermat omite toda mención
a sus bases de mecánica cuántica. La formulación de mecánica cuántica es interesante
a su manera, pero preferí las posibilidades metafóricas de la versión clásica.
En cuanto al tema del relato, probablemente el resumen más conciso de éste que versario
de Matadero 5: Stephen Hawking... encontró intrigante la idea de que no podamos recordar
el futuro. Pero recordar el futuro es para mí ahora un juego de niños. Sé lo que será de mis bebés inermes y confiados porque ahora son adultos. Sé cómo acabarán mis amigos más íntimos porque ahora muchos de ellos están jubilados o muertos... A Stephen Hawking y a todos los que son más jóvenes que yo les digo: «Sed pacientes. Vuestro futuro vendrá a vosotros y se tumbará a vuestros pies como un perro que os conoce y os quiere seáis quienes seáis».


Setenta y dos letras

Este relato surgió cuando noté una conexión entre dos ideas que previamente había pensado que no guardaban relación alguna. La primera era el golem. En la que es probablemente la historia más conocida del golem, el rabino Loew de Praga da vida a una estatua de arcilla para que sirva como defensor de los judíos, protegiéndolos de las persecuciones. Esta historia resulta ser una invención moderna que se remonta sólo a 1909. Las historias en las que el golem se usa como sirviente para realizar tareas —con diversos grados de éxito— comenzaron a circular en el siglo XVI, pero tampoco son las referencias más antiguas al golem. En historias que se remontan al siglo II, los rabinos animaban golems no para realizar nada práctico, sino más bien para demostrar su dominio del arte de la permutación de letras: buscaban conocer mejor a Dios mediante la realización de actos de creación.
Todo el tema del poder creativo del lenguaje ha sido discutido en otros lugares,
por personas más inteligentes que yo. Lo que me pareció particularmente interesante
respecto a los golems fue el hecho de que tradicionalmente son incapaces de hablar.
Puesto que el golem es creado mediante el lenguaje, esta limitación es también una
limitación para la reproducción. Si un golem fuera capaz de usar el lenguaje, sería capaz
de autorreplicarse, a la manera de una máquina de Von Neumann.
La otra idea en la que había estado pensando era la preformación, la teoría de que
los organismos existen completamente formados en las células germinales de sus padres.
Ahora es fácil considerar que esta teoría es ridícula, pero en su época la preformación
tenía todo el sentido del mundo. Era un intento de resolver el problema de
cómo se pueden replicar los organismos vivos, que es el mismo problema que luego
inspiró las máquinas de Von Neumann. Cuando me di cuenta de eso, me pareció que
estaba interesado en las dos ideas por la misma razón, y supe que tenía que escribir
sobre ellas.


La evolución de la ciencia humana

Este ultracorto fue escrito para la revista científica británica Nature. A lo largo del año 2000, Nature publicó una sección llamada «Futuros»; cada semana un escritor diferente
aportaba un tratamiento ficticio de escasa extensión sobre un desarrollo científico que ocurriese en el nuevo milenio. Nature es, casualmente, prima lejana en términos corporativos de Tor Books, así que el redactor encargado de «Futuros», el doctor Henry Gee, le pidió a Patrick Nielsen Hayden que sugiriera algunos posibles colaboradores.
Patrick fue tan amable de mencionarme. Puesto que el cuento aparecería en una revista científica, hacer que tratase sobre una revista científica parecía una elección obvia. Comencé a preguntarme sobre qué aspecto podría tener ese tipo de revista tras el advenimiento de la inteligencia superhumana.
William Gibson dijo: «El futuro ya está aquí; sólo que no esta repartido
homogéneamente». Ahora mismo hay personas en el mundo que, si saben que existe la revolución informática, la conocen sólo como algo que les está sucediendo a otras personas, en algún otro lugar. Supongo que eso seguirá siendo cierto en cualquier revolución
científica que nos espere.
(Unas palabras sobre el título: este ultracorto apareció originalmente bajo un título
elegido por los redactores de Nature; he preferido devolverle su título inicial para esta
nueva edición.)


El Infierno es la ausencia de Dios

De entrada, quise escribir un relato sobre los ángeles después de ver la película Ángeles y demonios, un thriller sobrenatural escrito y dirigido por Gregory Widen. Durante mucho tiempo intenté pensar en una historia en la que los ángeles fueran personajes, pero no se me ocurría una idea que me gustase; sólo cuando comencé a pensar en los ángeles en tanto que fenómenos de poder aterrador fui capaz de seguir adelante con el cuento. (Quizá estaba pensando subconscientemente en Annie Dillard.
Más tarde me acordé de que ella escribió que si los creyentes tuvieran más fe, se pondrían
un casco en la cabeza cuando fueran a la iglesia y se atarían a los reclinatorios.)
Pensar en desastres naturales me llevó a pensar en el problema del sufrimiento de los inocentes. Desde la perspectiva religiosa se ha ofrecido una enorme gama de consejos
a aquéllos que sufren, y parece evidente que no hay una única respuesta que pueda satisfacer a todo el mundo; lo que consuela a una persona inevitablemente le parece a otra escandaloso. Piensen en el Libro de Job, por ejemplo.
Para mí, una de las cosas menos satisfactorias del Libro de Job es que, al final,
Dios recompensa a Job. Dejen a un lado la cuestión de si los nuevos hijos pueden
compensar la pérdida de los anteriores. ¿Por qué Dios le devuelve algo a Job? ¿Por
qué ese final feliz? Uno de los mensajes básicos de ese libro es que la virtud no siempre
es recompensada; que a las buenas personas les suceden cosas malas. Job finalmente
acepta esto, probando su virtud, y por consiguiente es recompensado. ¿No les
parece que esto debilita el mensaje?
Me parece que al Libro de Job le faltó el valor de sus convicciones: si el autor estuviera
realmente comprometido con la idea de que la virtud no siempre recibe su recompensa,
¿no creen que el libro debería haber terminado con un Job absolutamente desposeído de todo?


¿Te gusta lo que ves? (Documental)

Unos psicólogos llevaron a cabo en cierta ocasión un experimento en el que una y otra vez dejaron una falsa solicitud de ingreso a la universidad en un aeropuerto, supuestamente
olvidada por un viajero. Las respuestas en la solicitud eran siempre las mismas, pero a veces cambiaron la foto del solicitante ficticio. Resultó que era más probable que la gente enviase por correo la solicitud si el solicitante era atractivo. Quizá esto no resulte sorprendente, pero ilustra cuan profundamente estamos influidos por el aspecto; favorecemos a las personas atractivas incluso en una situación en la que nunca las conoceremos.
Pero cualquier discusión sobre las ventajas de la belleza suele venir acompañada
por una mención de la carga que supone. No dudo que la belleza tiene sus inconvenientes,
pero lo mismo pasa con todo. ¿Por qué la gente parece simpatizar más con la idea de que la belleza es una carga que, por ejemplo, con la idea de que la riqueza es una carga? Es porque la belleza realiza una vez más su magia: incluso en una discusión sobre sus desventajas, la belleza proporciona a sus poseedores una ventaja.
Supongo que la belleza física existirá mientras tengamos cuerpo y ojos. Pero si la caliagnosia se llega a inventar algún día, yo sería de los que la probarían.


La historia de tu vida - Stories of Your Life and Others - Ted Chiang [ Download ]